Blog de Víctor Corbacho
¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?
- ene 28
Sigue estando en todas las conversaciones: crisis. Sí, posiblemente no sea nuestro mejor momento, las cosas no son tan de color de rosa como hace unos años y el futuro es un poco más negro, pero hay cosas que llevan a uno a plantearse si es que no seguimos quejándonos por vicio.
En la víspera de reyes, las grandes superficies estaban abarrotadas y las estanterías vacías, ¿quién compra las cosas si tan mal estamos? Bien es cierto que muchos habrán comprado cosas más baratas que otros años, pero el hecho es que la oleada materialista-consumista ha arrasado una vez más con todo. Y mientras intentaba avanzar entre la masa enloquecida, me llamó también la atención una cosa: había varios stands de promoción de cafeteras, juntos, y las personas encargadas de promocionar el producto estaban hablando tranquilamente entre ellas pasando olímpicamente de ofrecer el producto a los potenciales clientes. Pues claro, si nos quejamos de que no hay trabajo, y resulta que quien lo tiene lo hace a desgana, mal vamos.
Pero hay más cosas que me hacen plantearme la no gravedad de esta situación. Se está anunciando por doquier que los jóvenes universitarios se van al extranjero porque aquí no hay trabajo. Con esta cantinela, uno está ya acostumbrado a oír eso de “es que he estudiado una carrera de cinco años y no tengo trabajo”. Pues sí, a mí también me gustaría trabajar de lo mío, no hacer nada y cobrar mucho, pero resulta que el mundo no va así. Han entrevistado a un joven en esta situación, un universitario que había terminado periodismo y se había ido al extranjero porque en España no había trabajo de lo suyo. Me pregunto si no habría que instaurar en primaria o ESO una asignatura obligatoria que se tratara sobre el “sentido común”: ¿os imagináis que tuviésemos que crear puestos de trabajo para todos los estudiantes de económicas, empresariales, derecho o periodismo, y que estos puestos tuvieran que ser precisamente de lo que hubieran estudiado? La sociedad funciona como funciona, y desde luego no quiero quitar a nadie el mérito de tener una carrera, todo lo contrario, pero tampoco podemos pretender que el hecho de tener una carrera nos garantice trabajar de eso. Es más, el hecho de poseer esos conocimientos y esa madurez debería permitirnos ver que para alcanzar nuestro objetivo seguramente antes tendremos que dar muchos botes por la vida.
Claro, esto no es aplicable a los que, parafraseando al gran Fuckowsky, han nacido por encima de la delgada línea marrón: ellos trabjarán de lo que quieran porque ya tienen la vida solucionada por su familia. Pero al resto, amigos, nos toca tropezar, caer, levantarnos y de vez en cuando salir a respirar por encima de la mierda, porque la vida es así, y aún así, aunque tengas tu carrera de 5 años y acabes doblando pantalones, la vida sigue siendo maravillosa. No os cerréis en obviedades y utilizad vuestro conocimiento para ver más allá, buscar objetivos y conseguirlos, pero sobretodo luchad por ellos, los caminos fáciles no van a ninguna parte.
Un saludo.
Desactivar el bluetooth automáticamente al iniciar Linux
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Tiempo estimado de lectura 0,40minutosene 19Si usáis Linux y vuestro ordenador tiene bluetooth os habréis dado cuenta de una cosa: por defecto, al arrancar, siempre está encendido. Creo que es algo que no tiene mucho sentido (salvo que utilices un ratón o teclado bluetooth o alguna situación similar), y además ocasiona un gasto de batería añadido en el caso de que usemos un portátil. A continuación voy a explicar cómo hacer que el bluetooth se desactive por defecto al encender nuestro ordenador (las instrucciones son para distribuciones basadas en Debian).
En primer lugar, debemos instalar el paquete rfkill:
sudo apt-get install rfkillA continuación, editaremos el script de inicio del sistema:
sudo vim /etc/rc.localY finalmente, añadiremos la siguiente línea encima de exit 0:
rfkill block bluetoothGuardamos el archivo y lo cerramos. Una vez que reiniciemos nuestro sistema, el bluetooth se desactivará en el arranque y ya no tendremos que preocuparnos de apagarlo.
- ene 11
El pasado 29 de diciembre El Periódico de Aragón publicaba una noticia haciéndose eco sobre la discriminación por sexo en el precio de las entradas a las discotecas. Como sabéis, este asunto lo he tratado innumerables veces en este blog, así que me alegro de que la prensa se haga eco de esto, y más aún de que realmente se estén tomando medidas al respecto.
Pero tengo bien clara también una cosa: no se puede tergiversar aquello por lo que luchamos para hacerlo propio. Y esto va por los señores de El Periódico de Aragón y por las instituciones que a continuación citaré.
Para El Periódico, me parece bochornoso el subidón de ego que se han dado con esto:
La publicación en EL PERIÓDICO de la distinción que aplicaban las oficinas del RACC en Zaragoza –y el consiguiente revuelo que originaron las denuncias presentadas– derivó en una oleada de protestas ciudadanas (muchas de ellas en la red) respecto a la discriminación que los fines de semana sufren los chicos en algunas discotecas de la ciudad.
Por favor, ya que dicen que han revisado la red, digan la verdad, pues este asunto, y en concreto en Zaragoza, viene ya de lejos.
Respecto a las siguientes dos instituciones, fundamento mis críticas en lo publicado en la noticia. A la primera de ellas, la Dirección General de Consumo de la DGA, simplemente decirles que no tienen vergüenza. Fueron debidamente notificados por un servidor en su día y se lavaron las manos tan ricamente. Su función es la defensa del consumidor, y deberían ejercitarla con una defensa activa (estudios, observaciones, inspecciones, etc.) y no pasiva (estar sentados esperando a que alguien denuncie), sobretodo en un caso tan grave y evidente como el que nos ocupa.
Pero si es gracioso esto, peor aún es lo que pone de El Justicia de Aragón: parece ser que no tienen quejas sobre el tema. Pues bien, o no saben leer, o son igual de competentes buscando en su archivo como contestando a temas serios como este, porque ya les envié la queja, les dije que me ayudaran porque todas las instituciones se pasaban la pelota de unas a otras, y cómo no, se lavó las manos. La verdad, yo pensaba que el Justicia era una institución que aún podía servir para algo, pero ahora veo que es tan sólo otro elemento burocrático para gastar tiempo y recursos de los ciudadanos, así de triste.
Y una vez dichas estas puntualizaciones, que creo que había que hacerlas, vuelvo a insistir en que me alegro de que la cosa siga adelante.
Un saludo.
Etiquetada como: bares, cotillón, cotillones, dga, discotecas, discriminación, entradas, hombres, igualdad, Justicia de Aragón, mujeres, sexo

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