Blog de Víctor Corbacho

¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?

  • No, no, y no

    Incluida en Cajón desastre
    Tiempo estimado de lectura 0,10minutos
    oct 9

    Ni voy a pagar más que una mujer por entrar a ningún sitio, ni voy a pagar por entrar a ningún bar en las fiestas de mi ciudad. Señores hosteleros: o cambian el chip o caerán, no se preocupen.

    Etiquetada como: , ,
  • may 4

    Como dice el refrán, cada loco con su tema. Y yo al mío, aquí sigo, erre que erre, a ver qué saco en claro de algo en lo que me he empecinado. Por si no sabes de qué hablo, aquí está la entrada donde conté un poco el tema de la discriminación que hay en ciertos bares de Zaragoza a la hora de cobrar la entrada, según seas hombre o mujer.

    Hace poco estuve de viaje por Barcelona, y cómo no, tuve que matar la curiosidad por saber si allí pasaba lo mismo que aquí, y la respuesta es la que me esperaba: en Barcelona hombres y mujeres pagan lo mismo por entrar en bares y discotecas. Esto me lleva a la lamentable conclusión de que Zaragoza, pese a sus aspiraciones de ser una gran ciudad, sigue siendo un compadreo urbanita, en gran parte gracias a costumbres (por llamarlo de alguna forma) como esta.

    Volviendo al tema que nos ocupa, y siguiendo con la anterior entrada, durante este tiempo he consultado por el asunto a las instituciones a las que me remitió el Gobierno: Ayuntamiento y DGA. Y como ya vaticiné en su día, las respuestas han sido para reír por no llorar. Desde luego, un cero para cada uno. Pero antes de pasar a las críticas voy a citar las dos respuestas.

    En el caso del Ayuntamiento me contestaron lo siguiente:

    En primer lugar, queremos agradecerle su colaboración por utilizar este servicio como instrumento para hacernos llegar sus planteamientos y sus inquietudes.

    Y en segundo lugar, informarle que no consideramos que el Ayuntamiento tenga competencia en este tema; no obstante, le remitimos los datos de contacto de la Oficina Municipal de Información al Consumidor, dónde le pueden orienta.

    Desde luego tengo que destacar la diligencia en la respuesta: no consideramos que el Ayuntamiento tenga competencia en este tema. Pues bien, Señores del Ayuntamiento de Zaragoza, para cuando lean esto, sepan ustedes que es bochornoso que una institución pública, regida por reglamentos escritos, dé una respuesta con el verbo considerar conjugado de esa forma, que a mi juicio no expresa más que una subjetividad total, de lo que deduzco que pasan la patata caliente a otra institución por oscuros motivos que algún día sabré (bueno, no nos vamos a engañar, todos los sabemos pero queda mal decirlos).

    Tirada por tierra la opción de que la competencia al respecto fuese del Ayuntamiento, sólo me quedaba por consultar al tercer mosquetero, el tercer miembro del oráculo: la DGA. Tras enviarles la consulta pertinente, remitida al departamento de Industria, Comercio y Turismo, que es quien tiene competencia sobre bares y discotecas, no sé muy bien qué interpretación dieron al tema, pero el caso es que redirigieron el escrito al Departamento de Política Territorial, Justicia e Interior, los cuales amablemente me contestaron diciendo que no tenían competencia (evidentemente), y que en todo caso eso afecta a un derecho fundamental y cabe intervención del Tribunal Constitucional (bueno, ahí se han pasado, tampoco hay que irse por los cerros de Úbeda).

    Conclusión: el Ayuntamiento y la DGA pasan olímpicamente del tema, supongo que porque se piensan que aquí uno tiene ganas de perder el tiempo en chorradas. Lástima que realmente no sea ninguna tontería, y ahora es cuando puedo afirmar públicamente que la Administración Pública esta dando pie a que exista una grave discriminación de la que tienen conocimiento y que no trata de impedir.

    Pero como decía Ramón y Cajal, no hay nada más persistente que un Aragonés con paciencia (bueno, no era así exactamente, pero era algo parecido). Así que ahora me planteo dos opciones a seguir:

    1. Remitir al Justicia de Aragón todas las respuestas que he obtenido, porque me parece vergonzoso que se tomen algo así por el pito del sereno.
    2. Volver a escribir al Gobierno Central para que tome cartas en el asunto, porque está visto que las autonomías mucho pedir competencias, pero luego hacen lo que les da la gana.

    Y bueno, como nota tecnológica tengo que resaltar que parece que la comunicación electrónica con la Administración sí que funciona, al menos reciben y contestan correos. No todo iba a ser malo.

    Lo dicho, seguiremos dando mal.

    ¡Un saludo!

    Etiquetada como: , ,
  • mar 21

    Hace ya tiempo que muestro mi total disconformidad con la diferencia de trato en cuanto al precio de las entradas a las discotecas por razón de sexo. Ayer mismo lo volví a vivir, en la discoteca Daluxe de Zaragoza, donde mis amigas entraron gratis y yo tuve que pagar 8 euros.

    Aquí hay que analizar dos aspectos fundamentales:

    1. Se está discriminando a las personas por el simple hecho de ser hombres o mujeres.
    2. Se está utilizando a la mujer como parte del negocio.

    El primer punto resulta bastante claro. Las mujeres rara vez pagan lo mismo, siempre es un importe menor o, como me pasó ayer, no pagan. En cuanto al segundo, entramos en temas más peliagudos.

    ¿Por qué se permite la entrada gratuita de las mujeres? Es evidente que forma parte del negocio. Donde hay mujeres, van hombres, el mundo funciona así. Lejos de lo que pueda parecer (muchas opinan que es un chollo no pagar), lo que en realidad ocurre es que son utilizadas por el empresario como reclamo. Así dicho parece más algo propio de otras épocas, pero nadie hace nada por evitarlo. Resulta cuando menos chocante que los movimientos feministas no hayan arremetido contra estas prácticas.

    He de decir que en su día ya envíe una queja al Gobierno sobre este tema, con la esperanza de que ahora que los temas de igualdad están a la orden del día se pudiesen tomar medidas, pero lo cierto es que todo sigue igual. En la respuesta del Gabinete de Presidencia me dijeron que la Administración General del Estado no tiene potestad sobre estos temas, que dependen de los ayuntamientos o consejerías correspondientes de las Comunidades Autónomas, no obstante, trasladaron mi escrito al Ministerio de Industria, Turismo y Comercio para que lo comunicara al sector. Es evidente que al sector hostelero, mientras se le llene la caja al hacer el recuento, le importa bastante poco todo esto.

    Tras esta respuesta desistí de continuar mis quejas, porque pueden darse dos situaciones:

    1. Que la competencia sea de alguna consejería del Gobierno de Aragón, en cuyo caso todos sabemos cómo funciona la DGA para estos temas (seguramente ni se produciría respuesta).
    2. Que la competencia sea del Ayuntamiento de Zaragoza. En este caso es evidente que el Ayuntamiento no va a tirar piedras a su propio tejado, y todos sabemos que los dueños de estos locales son en su mayoría amigos de algún que otro concejal, por lo que cualquier medida iba a ser desestimada (no van a arruinar su forma de negocio).

    ¿Qué podemos hacer entonces? Pues poca cosa, intentar llamar la atención de organizaciones, sindicatos y la administración y, llegado el caso, supongo que por dignidad, o por vergüenza ajena, los empresarios decidirían equiparar las tarifas. Tal vez una medida más radical sea, cada vez que se dé esta situación, solicitar la tarifa de precios donde esté claramente detallado el precio, y rellenar una hoja de reclamaciones mencionando la diferencia existente por razón de sexo (si está así indicada), o el incumplimiento de las tarifas (si, como me temo, sólo hay un precio y cobran a quien quieren).

    Etiquetada como:

Sígueme en Twitter

 

Switch to our mobile site