Blog de Víctor Corbacho

¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?

  • abr 12

    Desde luego no voy a hablar en este post de la democracia griega, que dista mucho de lo que hoy en día calificamos con tal nombre, pero sí voy a hacer una reflexión sobre lo que es, y lo que pensamos que es pero no es.

    Recuerdo mis clases de ética y la definición de libertad: posibilidad de elegir. Primer problema: ser libre no es poder hacer lo que uno quiera, si no el poder elegir lo que uno quiere hacer, e inseparablemente, asumir las consecuencias de lo que uno hace. Dicho esto, ¿es la democracia sinónimo de libertad? Pues hombre, en un sentido amplio de la palabra, sin duda, sí.

    Un país democrático es, por norma general, un país libre en tanto en cuanto en él se puede elegir a sus gobernantes, y por tanto conlleva caer en la definición dada: hay posibilidad de elegir y por tanto libertad. Ahora bien, como he dicho, toda elección conlleva unos hechos y unas consecuencias. Me remito al 20 de noviembre, cuando el PP ganó por abrumadora mayoría en este país. El pueblo, nosotros, los ciudadanos, pudimos elegir, y de la elección salió esa amplia mayoría. No voy a entrar a debatir ahora sobre si está bien o mal ponderada (ya sabemos cómo es el tema de la ley electoral), pero es lo que hay.

    Meses después, tras dar de manera democrática, y por tanto libre, la potestad de gobernar a estos señores, se oyen cada vez más lamentos en la calle por las consecuencias que esto está acarreando (y las que nos esperan). Pues bien, amigos, no os engañéis: la culpa de esto es de dos grupos de personas, libres y democráticas, por supuesto, que pudieron elegir y eligieron, pero no pensaron en las consecuencias de sus hechos.

    Por una parte, hubo un grupo de votantes que hartos de la pérdida de rumbo de la izquierda decidió votar al PP. Muchos de ellos no cayeron en la cuenta de que votaban una legislatura carente de programa electoral, y que por tanto tiene carta blanca para hacer cuanto le plazca. Por otra parte, y a éstos sí que hay que recriminarles su actitud, están quienes decidieron no manifestarse y pasar olímpicamente del tema. En ambos casos me refiero a quienes, tomando una u otra decisión, hoy en día muestran su total desacuerdo con la política que marca el rumbo del país. Estos señores no se dieron cuenta de que su libre decisión conllevaba una imparable subida de los votos de la mayoría absoluta, y hoy se lamentan de que el gobierno hace lo que quiere. Claro, porque puede, porque es quien manda y no tiene que contar con nadie.

    Así que a unos y otros (de los que no pensaron bien y hoy se arrepienten), a lo hecho, pecho. Y ahora a tirar pa’lante y a ver lo que nos viene encima, pero a partir de ahora, cuando digáis que sois libres, pensad las cosas dos veces, porque una cosa es hacer lo que uno quiera al libre albedrío y otra muy distinta tomar decisiones.

    Un saludo.

  • Iglesia, IBI e hipocresía

    Incluida en Cajón desastre, Sociedad
    Tiempo estimado de lectura 2,13minutos
    mar 22

    Parece que a raíz de que nuestros vecinos italianos decidiesen regularizar la tributación del IBI en los espacios de culto, está surgiendo la polémica en los medios de comunicación españoles. Sí, digo bien, en los medios, porque como viene siendo habitual en los últimos años, aquí se sabe y se habla de lo que estos señores quieren y los demás nos dejamos.

    La cuestión es que si se cobrase el Impuesto de Bienes Inmuebles a la Iglesia, se recaudarían alrededor de 2000 millones de euros anuales. Ahora bien, hay que analizar antes la situación actual, y a partir de ahí plantearse medidas que realmente nos lleven a sacar algo provechoso, y no andar dando palos de ciego como ya ha hecho algún Ayuntamiento cobrando por la Iglesia de su pueblo.

    A esta institución, se le dota en presupuestos del Estado de una cantidad económica de cierta importancia (creo que anda por los 13 millones de euros anuales). Además, los edificios, pese a estar restaurados y mantenidos en su gran mayoría por las administraciones y los feligreses, son titularidad de la Iglesia Católica. Aquí hay que aclarar también que de no ser por estas costosas obras de consolidación y mantenimiento llevadas a cabo por toda la geografía, así a ojo posiblemente tres cuartas partes del patrimonio cultural e histórico que estas propiedades (y lo que contienen, en las que queda algo) representa, estarían ya reducidas a montones de piedras.

    Viendo esto, digo yo, que sería más lógico seguir el siguiente orden para hacer las cosas medio bien, y no a las bravas:

    1. Eliminar la aportación extra que se hace por parte del Estado, reduciéndola, a lo sumo, a la misma que se otorga a las ONG.
    2. Replantear el tema de la titularidad de los edificios, proponiendo su cesión a los Ayuntamientos (u otras administraciones delegadas por éstos), y reservando su uso para la celebración del culto, además de otras actividades como puedan ser exposiciones, conciertos, etc.
    3. Llegados a este punto, si la Iglesia no cede esta titularidad, proceder al cobro del impuesto y a una vigilancia estricta del patrimonio, procediendo, si es necesario, incluso a la imposición de sanciones por su mal uso o cuidado.
    ¿Y por qué planteo esto? Pues porque a mí, personalmente, no se me ocurriría pagar la cocina del vecino con mi dinero, ni con el de mi otro vecino, pero bueno, ya que todos los vecinos podemos hacer barbacoa en la cocina del vecino que se la quiere arreglar, lo justo es que también esa cocina sea de todos. Vamos, que si pagamos los arreglos con dinero público, que se quede como patrimonio público. Y además, porque si no se quita la dotación económica, resulta un poco de tontos cobrar a alguien a quien estás dando dinero, ya que te va a pagar con tu dinero, y encima, pedirá más. Y para más inri, como somos así, se lo daremos.
    Al final, esto, como todo, quedará en agua de borrajas y se recuperará al cabo de los años por otra moda de medios de comunicación.
    Un saludo.

  • Spain is different (y eso a Europa le jode)

    Incluida en Cajón desastre, Sociedad
    Tiempo estimado de lectura 1,30minutos
    mar 8

    Pues sí, visto lo visto, eso es lo que creo: la envidia que hay en Europa hacia nuestro país alcanza tales límites que sólo quieren hacernos la vida imposible. Y me refiero con Europa a todo lo que hay de los Pirineos para arriba.

    • Porque no tenían un sistema de cajas de ahorro con función social, y nos lo han quitado.
    • Porque no tienen una sanidad como la de aquí.
    • Porque sus sistemas de pensiones son pésimos, por más que digan.
    • Porque sí, se cobra más, pero se gasta más también.
    • Porque en verano, a las 22:00, el sol ni se intuye en el horizonte.
    • Porque como en España, no se come en ningún país Europeo.
    • Porque tomar una cervecita en una terraza mola.
    • Porque los españoles, por más tópicos que nos intenten poner, molamos también.
    • Porque la enseñanza pública española era un referente hasta que se la cargaron.
    • Y la universitaria también lo era antes de que se la cargaran adaptándola a Europa.
    • Porque sus trenes no pueden ir por nuestras vías, pero los nuestros sí que pueden ir por las suyas.
    • Porque nuestro clima es bueno.
    • Y el de Canarias mejor.
    • Porque tenemos una riqueza cultural inmensa.
    • Porque el talento de los españoles lo intentan enmascarar renombrándolo como picaresca (¡envidiosos!).
    • Porque las españolas, cuando besan, besan de verdad.
    • Y el macho ibérico ahí está, ¡viva Alfredo Landa!
    • Y el lince ibérico también.
    • Porque aquí inventamos el chocolate. Y la fregona. Y el submarino. Y muchas más cosas.
    • Porque si nos lo proponemos, somos mejores.
    • Porque la siesta también mola.
    • Porque a la hora que ellos cenan, nosotros merendamos (¡con Nocilla!).
    • Y por mil cosas más, ¡ea!
    Y eso, que la tribu de los Merkel, Sarkozy y demás, a un servidor, le resbalan bastante, y este mismo servidor está un poco harto ya de sus tonterías y tenía que decirlo, y que deberíamos ser más nuestros y menos Europeos, cada uno tiene que ser como es y no caer en estereotipos ni mucho menos intentar imitarlos.
    Un saludo.

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