Blog de Víctor Corbacho
¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?
- feb 16
Estoy viendo el telediario y veo que le van a dar un premio al responsable de educación vial de la Policía Local de Teruel, reconociendo de este modo la labor desempeñada desde que empezó en 1991.Y viendo esto me he acordado del día en que un servidor, junto a sus compañeros de quinto de primaria, allá por la primavera de 1996, visitaron el parque de educación vial que la Policía Local de Zaragoza tenía (creo que ya no lo tiene) cerca del Auditorio. Aquello era como una pequeña ciudad, con calles, pasos de peatones, semáforos, señales y carriles por todas partes. A los jovenzuelos se nos dividía en grupos, unos eran peatones, otros iban con bicicletas y otros con karts, y nos íbamos turnando cada cierto tiempo para poder pasar todos por esos tres grupos. Como puedes suponer, lo que más queríamos todos era montar en el kart, y como podéis imaginar, también era la parte en la que el profesor que había allí estaba más pendiente de nosotros, pero no en la forma en que debía, si no en la forma en que rozaba la impertinencia.
Este señor tan majo nos criticó a todos y cada uno de nosotros por ir con un pie en el acelerador y otro en el freno. Claro, era un kart, no tiene plataforma para poner el pie en ninguna parte, simplemente lo dejas reposando sobre el pedal y cuando es necesario frenas, pero aquel señor no debía entender el sistema. La cuestión es que nos saltábamos giros obligatorios, pitábamos en los pasos de cebra para que no cruzaran los peatones, nos saltábamos los cedas el paso y aquel señor no nos advirtió en ningún momento de que eso no había que hacerlo, pero eso sí, ojo con rozar durante más de 10 segundos el dichoso pedal del freno…
Cando volvimos a clase, como es de suponer, los deberes para el día siguiente estaban bastante claros: redacción sobre la experiencia. A los once años los niños, como es de imaginar, hacen las redacciones del colegio tal como les han enseñado: todo muy bonito, todo muy bien, “qué bien lo pasemos”, etcétera. Pero una redacción es algo más, es la oportunidad de expresarte, y yo no me podía callar la soberbia impertinencia de aquél señor, y así lo dejé bien clarito en mi redacción: todo muy bonito, todo muy bien pero el profesor era un poco pesado con sus quejas injustificadas. Y el resultado de mi expresión de libertad, de pensamientos, de sentimientos, fue un anticipo de lo que la vida nos depara a todos cuando nos hacemos mayores: acostumbrado a tener un “muy bien” en todas mis redacciones, conseguí un fantástico “regular” por mi crítica subjetiva pero no por ello no justificada, puesto que expuse mis motivos para hacer aquella crítica.
Y así es, señores, como en este mundo siempre se tiende a reprimir cualquier tipo de aspiración a que una persona pueda expresarse como tal, procurando enterrar cualquier tipo de atrevimiento desde bien pequeños, para que así todo sea muy bonito y todo vaya muy bien, porque ya se sabe, dichoso el ignorante.
Un saludo.
- ene 28
Sigue estando en todas las conversaciones: crisis. Sí, posiblemente no sea nuestro mejor momento, las cosas no son tan de color de rosa como hace unos años y el futuro es un poco más negro, pero hay cosas que llevan a uno a plantearse si es que no seguimos quejándonos por vicio.
En la víspera de reyes, las grandes superficies estaban abarrotadas y las estanterías vacías, ¿quién compra las cosas si tan mal estamos? Bien es cierto que muchos habrán comprado cosas más baratas que otros años, pero el hecho es que la oleada materialista-consumista ha arrasado una vez más con todo. Y mientras intentaba avanzar entre la masa enloquecida, me llamó también la atención una cosa: había varios stands de promoción de cafeteras, juntos, y las personas encargadas de promocionar el producto estaban hablando tranquilamente entre ellas pasando olímpicamente de ofrecer el producto a los potenciales clientes. Pues claro, si nos quejamos de que no hay trabajo, y resulta que quien lo tiene lo hace a desgana, mal vamos.
Pero hay más cosas que me hacen plantearme la no gravedad de esta situación. Se está anunciando por doquier que los jóvenes universitarios se van al extranjero porque aquí no hay trabajo. Con esta cantinela, uno está ya acostumbrado a oír eso de “es que he estudiado una carrera de cinco años y no tengo trabajo”. Pues sí, a mí también me gustaría trabajar de lo mío, no hacer nada y cobrar mucho, pero resulta que el mundo no va así. Han entrevistado a un joven en esta situación, un universitario que había terminado periodismo y se había ido al extranjero porque en España no había trabajo de lo suyo. Me pregunto si no habría que instaurar en primaria o ESO una asignatura obligatoria que se tratara sobre el “sentido común”: ¿os imagináis que tuviésemos que crear puestos de trabajo para todos los estudiantes de económicas, empresariales, derecho o periodismo, y que estos puestos tuvieran que ser precisamente de lo que hubieran estudiado? La sociedad funciona como funciona, y desde luego no quiero quitar a nadie el mérito de tener una carrera, todo lo contrario, pero tampoco podemos pretender que el hecho de tener una carrera nos garantice trabajar de eso. Es más, el hecho de poseer esos conocimientos y esa madurez debería permitirnos ver que para alcanzar nuestro objetivo seguramente antes tendremos que dar muchos botes por la vida.
Claro, esto no es aplicable a los que, parafraseando al gran Fuckowsky, han nacido por encima de la delgada línea marrón: ellos trabjarán de lo que quieran porque ya tienen la vida solucionada por su familia. Pero al resto, amigos, nos toca tropezar, caer, levantarnos y de vez en cuando salir a respirar por encima de la mierda, porque la vida es así, y aún así, aunque tengas tu carrera de 5 años y acabes doblando pantalones, la vida sigue siendo maravillosa. No os cerréis en obviedades y utilizad vuestro conocimiento para ver más allá, buscar objetivos y conseguirlos, pero sobretodo luchad por ellos, los caminos fáciles no van a ninguna parte.
Un saludo.
- ene 11
El pasado 29 de diciembre El Periódico de Aragón publicaba una noticia haciéndose eco sobre la discriminación por sexo en el precio de las entradas a las discotecas. Como sabéis, este asunto lo he tratado innumerables veces en este blog, así que me alegro de que la prensa se haga eco de esto, y más aún de que realmente se estén tomando medidas al respecto.
Pero tengo bien clara también una cosa: no se puede tergiversar aquello por lo que luchamos para hacerlo propio. Y esto va por los señores de El Periódico de Aragón y por las instituciones que a continuación citaré.
Para El Periódico, me parece bochornoso el subidón de ego que se han dado con esto:
La publicación en EL PERIÓDICO de la distinción que aplicaban las oficinas del RACC en Zaragoza –y el consiguiente revuelo que originaron las denuncias presentadas– derivó en una oleada de protestas ciudadanas (muchas de ellas en la red) respecto a la discriminación que los fines de semana sufren los chicos en algunas discotecas de la ciudad.
Por favor, ya que dicen que han revisado la red, digan la verdad, pues este asunto, y en concreto en Zaragoza, viene ya de lejos.
Respecto a las siguientes dos instituciones, fundamento mis críticas en lo publicado en la noticia. A la primera de ellas, la Dirección General de Consumo de la DGA, simplemente decirles que no tienen vergüenza. Fueron debidamente notificados por un servidor en su día y se lavaron las manos tan ricamente. Su función es la defensa del consumidor, y deberían ejercitarla con una defensa activa (estudios, observaciones, inspecciones, etc.) y no pasiva (estar sentados esperando a que alguien denuncie), sobretodo en un caso tan grave y evidente como el que nos ocupa.
Pero si es gracioso esto, peor aún es lo que pone de El Justicia de Aragón: parece ser que no tienen quejas sobre el tema. Pues bien, o no saben leer, o son igual de competentes buscando en su archivo como contestando a temas serios como este, porque ya les envié la queja, les dije que me ayudaran porque todas las instituciones se pasaban la pelota de unas a otras, y cómo no, se lavó las manos. La verdad, yo pensaba que el Justicia era una institución que aún podía servir para algo, pero ahora veo que es tan sólo otro elemento burocrático para gastar tiempo y recursos de los ciudadanos, así de triste.
Y una vez dichas estas puntualizaciones, que creo que había que hacerlas, vuelvo a insistir en que me alegro de que la cosa siga adelante.
Un saludo.
Etiquetada como: bares, cotillón, cotillones, dga, discotecas, discriminación, entradas, hombres, igualdad, Justicia de Aragón, mujeres, sexo

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