Blog de Víctor Corbacho
¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?
-
ago 31
Los que me conocéis sabéis que la comunicación no es mi don, pero con esta entrada me gustaría difundir una pequeña campaña de concienciación para los conductores creada por iniciativa propia.
Mi propuesta: que en autovías y autopistas los conductores de turismos intentemos circular a una velocidad moderada que nos aporta bastantes ventajas sin crearnos muchos inconvenientes, 100 km/h.
¿Qué me ha llevado a hacer esto? Pues es simple, escribo esto por la gran cantidad de accidentes que sigue habiendo en las carreteras, y ya no por exceso de velocidad, si no por otros factores, muchos seguramente fortuitos, que si se produjesen a velocidades inferiores tal vez ocasionarían más heridos pero menos víctimas.
¿Y qué opino sobre los límites de velocidad? Pues que están bien como están, y si al final se decide ampliarlos a 140km/h no voy a estar en contra, pero considero que un límite debe tomarse como tal, es decir, como una velocidad que no hay que sobrepasar pero hasta la que podemos llegar si tenemos necesidad de ello, pero no una velocidad a la que debamos circular por obligación.
Y aquí expongo algunas razones que me llevan a pensar que circular a 100km/h tal vez nos haría a todos ser un poco más felices:
- Ahorro: circulando a 100 km/h el consumo del vehículo es inferior a lo que gasta a 120 km/h.
- Seguridad: en caso de choque, el impacto a 100 km/h es inferior al que se produciría a 120. Esta diferencia de apenas 20 km puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte, para ti o para otros.
- Prevención: a 100 km/h aumenta el tiempo que tenemos para reaccionar ante un imprevisto en la carretera, de forma que podemos evitar más de un susto.
- Disfrute: a 100 km/h el conductor puede disfrutar más del paisaje por el que discurre la carretera, puesto que al ser menor la velocidad puede concentrarse mucho más en todo lo que le rodea, lo que implica también un aumento potencial de la seguridad del viaje.
- Salud: el estrés que se sufre como consecuencia de la cantidad de información y eventos de los que un conductor debe de estar alerta, se reduce al circular a una velocidad inferior, reduciéndose por tanto la fatiga.
- Felicidad: el tiempo total de un trayecto apenas es apreciable si se realiza a 100 km/h o a 120 km/h. En trayectos cortos a lo sumo serán unos minutos. En trayectos largos quizás te supongo el ahorrarte una parada en una gasolinera a repostar. La vida de una persona es mucho más que unos simples minutos, ¿te la vas a jugar?
Y a quien después de leer esto tenga dudas, le invito a que realice un día un trayecto que haga habitualmente a la velocidad a la que acostumbra a hacerlo, y después que lo haga a 100 km/h y valore si ha merecido la pena.
Desde luego sé que más de uno de los que defiende que ir a 140 km/h por una autovía es seguro será bastante crítico con esto, pero a ellos les digo que seguramente a muchas personas les gustaría poder leer esto, pero por ir a esa velocidad o por toparse sin quererlo con alguien que iba a esa velocidad ya no pueden.
Y para terminar puede que sea un poco atrevido y seguramente será una locura, pero me gustaría proponer una recomendación a las administraciones competentes, y es que bajo la señales de velocidad máxima, coloquen una de velocidad recomendada con este límite.
En la carretera estamos todos, piensa en tí y en los tuyos. Un saludo.
-
may 6
-
abr 20
-
De viaje por Gran Canaria
Incluida en Viajar
Tiempo estimado de lectura 3,59minutosmar 11Aprovechando que el día 5 de marzo es fiesta en Zaragoza y este año caía en jueves, cogí un puente para ir a visitar a mi amiga Susana a su isla: Gran Canaria. A las 7 de la mañana cogí el AVE que me llevaría hasta Madrid, ciudad perfectamente comunicada entre sus puntos más importantes, y en la que sólo tuve que hacer tres trasbordos de metro para llegar a Barajas (nótese el tono irónico). Se me juntaban muchas primeras cosas en este viaje: la primera vez que me iba solo tan lejos, la primera vez que iba a Barajas, la primera vez que usaba Iberia, y la primera vez que iba a Canarias, pero todo salió perfecto, es más, me aburrí bastante esperando el avión y el tren, pero casi mejor eso que perderlo y tener que reír por no llorar.
Cuando llegué al aeropuerto Susana ya me estaba esperando, y comenzó mi periplo por tierras canarias. El primer destino fue comer en el Sur, en la parte de Playa del Inglés y Maspalomas, donde el efecto Marbella también se ha dejado notar (una pena). Una vez visitada esa parte, nos dirigimos hacia el centro de la isla, pasando por distintos pueblos, cada uno de los cuales tenía las calles más repinadas que el anterior, jamás hubiese pensado que una isla iba a ser tan escarpada, pero que están llenos de encanto.
He de decir que no he tenido nada de suerte con el tiempo, y si no fuese porque en Canarias siempre hay sol en alguna parte debido a la propia orografía de las islas, las nubes eran más que abundantes. Tras un paseo por el interior llegamos al punto más alto de la isla: el Pico de las
Nieves. Allí hay una base militar de telecomunicaciones, y el tiempo era soleado, pero con un viento, un agua y un frío que hacían no querer estar mucho rato fuera del coche.
Desde allí continuamos bajando mientras íbamos viendo más pueblecitos, para llegar finalmente a Las Palmas, donde estaba “la base de operaciones” (también se le puede llamar apartamento sin más, pero queda más interesante así). Llegada la noche tocó cenar y descansar para el día siguiente.
El segundo día, viernes, tocó la parte norte. Cualquiera que vea las fotos que hice puede pensar que eso es cualquier parte húmeda del mundo menos las Islas Canarias. El verdor de la vegetación rezuma por todas partes. La primera parada la hicimos en el Cenobio de Valerón, que son unas cuevas utilizadas por los aborígenes de la isla como granero. Continuamos el viaje y tras recorrer las sinuosas carreteras de esa parte llegamos a Teror, localidad que alberga la Basílica de Nuestra Señora del Pino,
patrona de la isla y centro de peregrinaje. Tras el pastelito de media mañana (hay que cuidarse), fuimos hacia Sardina (zona de costa), donde tomamos la pertinente comida y probé las papas arrugás con mojo picón. Después ya volvimos hacia Las Palmas, y por la noche antes de cenar fuimos a ver la película Gran Torino. Vaya pedazo de cines… La
sala no era muy grande, pero las butacas vip vibran, y las butacas normales son como las vip de los cines de aquí de Zaragoza.
El tercer día sólo quedaba por ver la zona centro, pero como estaba lloviendo por allí fuimos a la parte más septentrional de la isla: Mogán. Allí vi el puerto, cuya agua transparente permitía ver los peces que había, igual que en el Mediterráneo… Con la diferencia de que en Mogán estaban vivos y no flotando. Comimos y volvimos de nuevo a Las Palmas, ya que por la
noche tocaba volver al sur para vivir la noche de Gran Canaria. Así que por la noche de nuevo allí estábamos.
El concepto de marcha es evidente que se mantiene invariable en todas partes, pero los lugares en que ésta se realiza cambian mucho de un sitio a otro. Allí, los bares están en un centro comercial al aire libre (las tiendas ya estaban cerradas). Supongo que esto es debido a que siempre hace buen tiempo. La temperatura por la noche era de 18ºC, creo que eso lo dice todo. Me resultó curioso que en los baños de los bares normales hubiese que pagar por entrar, supongo que su estado de limpieza será envidiable y no como aquí. Después fuimos a una discoteca, de estas en las que los hombres pagamos 10 euros y las mujeres no pagan nada, viva la igualdad. Allí el baño ya era gratis, pero también era curioso, porque en la entrada tienen toallitas para limpiarte cuando sales. Y ya de vuelta a Las Palmas, que eran las 4 y a las 12 tenía que estar en el aeropuerto.
La verdad es que vale la pena ir allí, me lo he pasado en grande, y más con una guía tan excepcional. Además la gente, por lo menos en Gran Canaria (supongo que en el resto de las islas también), son de lo más amable que he visto en mucho tiempo. Siempre sonriendo y siempre con buenas formas. Así que ya sabéis, si tenéis la oportunidad de ir a Canarias no os lo penséis.
Un saludo.
-
feb 13
Como algunos sabéis, recientemente ha caído en mis manos una Nokia N800 (a ver si me viene la inspiración y hablo un poco más de este aparatejo, porque se merece una entrada en condiciones). Lo primero que hice cuando la tuve en mis manos fue buscar el bluetooth y enchufarle el módulo GPS externo que tengo, y al momento ya podía acceder a la información de los satélites, una maravilla.
En lo referente a los programas propios de GPS, el mejor que hay (o por lo menos el que más auge tiene) para esta plataforma es el Maemo Mapper. Es un programa libre, gratuito y que obtiene los mapas y planos de distintos proveedores, entre ellos Google Maps, pero esta no es la función que nos interesa hoy, así que nos vamos a centrar en la posibilidad que ofrece en lo referente a Tracking.

Si activamos la función de Tracking en el menú de Maemo Mapper, el programa comenzará a grabar los datos proporcionados por el GPS sobre posición, altitud y velocidad. Una vez que hayamos terminado nuestro trayecto, podemos proceder a guardar la ruta seguida en un archivo GPX. Con esto ya tenemos los ingredientes de nuestra receta.
Una vez que tengamos el archivo GPX en nuestro ordenador, nos descargaremos el programa GPSbabel, que nos permite pasar los archivos con formato GPX a otros formatos. En este caso, como nuestro objetivo es plasmar nuestra ruta en Google Earth, deberemos transformarlo a un archivo de formato KML. Si la instalación del programa ha sido exitosa, ahora deberemos entrar en una consola y navegar hasta el directorio donde está nuestro archivo GPX, que en nuestro caso se llama prueba.gpx y escribiremos la siguiente instrucción en la línea de comandos:
$ gpsbabel -t -i gpx -f prueba.gpx -o kml,units=m -F prueba.kml
Y ahora voy a explicar detenidamente este comando:
- Con gpsbababel invocamos el programa que vamos a utilizar.
- Con -t indicamos que estamos trabajando con un track.
- Con -i gpx indicamos el formato del archivo de entrada.
- Con -f pruega.gpx indicamos el archivo de entrada.
- Con -o kml, units=m indicamos el formato del archivo de salida, y que queremos que las unidades de velocidad, altitud, etc. figuren en el sistema métrico (por defecto salen en millas, pies y demás).
- Con -F prueba.kml indicamos el nombre del archivo generado.
Y si todo ha ido bien tendremos nuestro archivo kml, el cuál podremos abrir directamente con Google Earth, y en el que veremos nuestra ruta sobre la vista aérea y podremos acceder a los distintos puntos que la forman, conociendo la velocidad, posición y altitud de cada uno de ellos.











Comentarios recientes