Blog de Víctor Corbacho

¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?

  • ene 11

    El pasado 29 de diciembre El Periódico de Aragón publicaba una noticia haciéndose eco sobre la discriminación por sexo en el precio de las entradas a las discotecas. Como sabéis, este asunto lo he tratado innumerables veces en este blog, así que me alegro de que la prensa se haga eco de esto, y más aún de que realmente se estén tomando medidas al respecto.

    Pero tengo bien clara también una cosa: no se puede tergiversar aquello por lo que luchamos para hacerlo propio. Y esto va por los señores de El Periódico de Aragón y por las instituciones que a continuación citaré.

    Para El Periódico, me parece bochornoso el subidón de ego que se han dado con esto:

    La publicación en EL PERIÓDICO de la distinción que aplicaban las oficinas del RACC en Zaragoza –y el consiguiente revuelo que originaron las denuncias presentadas– derivó en una oleada de protestas ciudadanas (muchas de ellas en la red) respecto a la discriminación que los fines de semana sufren los chicos en algunas discotecas de la ciudad.

    Por favor, ya que dicen que han revisado la red, digan la verdad, pues este asunto, y en concreto en Zaragoza, viene ya de lejos.

    Respecto a las siguientes dos instituciones, fundamento mis críticas en lo publicado en la noticia. A la primera de ellas, la Dirección General de Consumo de la DGA, simplemente decirles que no tienen vergüenza. Fueron debidamente notificados por un servidor en su día y se lavaron las manos tan ricamente. Su función es la defensa del consumidor, y deberían ejercitarla con una defensa activa (estudios, observaciones, inspecciones, etc.) y no pasiva (estar sentados esperando a que alguien denuncie), sobretodo en un caso tan grave y evidente como el que nos ocupa.

    Pero si es gracioso esto, peor aún es lo que pone de El Justicia de Aragón: parece ser que no tienen quejas sobre el tema. Pues bien, o no saben leer, o son igual de competentes buscando en su archivo como contestando a temas serios como este, porque ya les envié la queja, les dije que me ayudaran porque todas las instituciones se pasaban la pelota de unas a otras, y cómo no, se lavó las manos. La verdad, yo pensaba que el Justicia era una institución que aún podía servir para algo, pero ahora veo que es tan sólo otro elemento burocrático para gastar tiempo y recursos de los ciudadanos, así de triste.

    Y una vez dichas estas puntualizaciones, que creo que había que hacerlas, vuelvo a insistir en que me alegro de que la cosa siga adelante.

    Un saludo.

  • oct 20

    ¡Ay que te he engañado! Ya me gustaría poder dar la noticia que pone en el título de esta entrada, pero no, nuestro querido gobierno autonómico no va a hacer tal cosa. ¡Pero no te preocupes! Aunque no te dé esa información que tanto nos gustaría saber a todos, sí que te va a refrotar lo que cuesta que vayas a urgencias, que te operen de cataratas, que te pongan una prótesis de cadera o que te hagan un trasplante de riñón.

    Antes de nada, algo dirigido al gabinete de prensa o como quiera que se llame del SALUD o de la DGA: por favor, revisen los horrores gramaticales y de sintaxis que hay en su nota de prensa (sobre todo en las tablas, en enumeraciones se pone u en lugar de o cuando la palabra siguiente comienza por o, etc.). Un organismo público no puede permitirse el lujo de no saber hablar ni escribir, y sí, en mi blog habrá cienes y cienes de faltas, pero es mi blog, y de momento no es oficial ni oficioso.

    Como ya sabréis durante estos últimos meses se ha estado hablando de la “factura en sombra”. ¿Y qué es eso? ¿Una factura en carboncillo? ¿O hecha por un cabroncillo? (ja ja)  Pues ni lo uno ni lo otro. Se trata de una factura un poco de mentira, donde se pretendía reflejar el gasto que cada consulta médica ocasionaba al sistema público de salud. Sí, ese que pagas tú y que pago yo, el mismo. Afortunadamente alguien debió caer en la cuenta de que eso iba a suponer un gran derroche, y a cambio de perdonar la vida a unos cuántos árboles amazónicos, ahora nos enseñan una lista con el precio de las intervenciones o consultas más frecuentes.

    Así que en vista de todo lo que derrochamos los aragoneses, quiero plantear unas preguntas:

    1. ¿Cuánto ha costado elaborar esta lista? Tengo entendido que se nombró una comisión o algo similar encargada de realizar el estudio.
    2. ¿Cuánto gasta la DGA en recepciones oficiales?
    3. ¿Cuánto gasta la DGA en vehículos oficiales? Da gusto recorrer los pueblos de Aragón entre semana, están llenos de coches amarillos purulando por doquier.
    4. Ahora que Marcelino va a tener que compaginar el cargo de Presidente con el que le han dado en el PSOE, ¿cuánto nos va a costar a los españoles estos desplazamientos?
    5. ¿Cuánto dinero gastaron los sindicatos en organizar la “huelga” general?
    6. ¿Cuánto dinero gastan PSOE y PP cada vez que hacen un mitin con sus afiliados?
    7. ¿Cuánto dinero supone esternalizar servicios pertenecientes al SALUD como el de la cita previa?
    8. ¿Cuánto se le pagó a GM, sin poner demasiadas pegas, para mantener la producción en Figueruelas?
    9. ¿Cuánto nos cuesta mantener todas las empresas públicas de la DGA?
    10. ¿Cuánto nos cuesta Motorland?

    Y podría seguir un rato largo, y estoy seguro de que a vosotros se os ocurren muchas más preguntas, pero 10 me parece un número bonito.

    ¡Ojo! Que no estoy criticando que se gaste o se deje de gastar en algunas de las cosas que he puesto. Sólo quiero que nuestros políticos se den cuenta de que antes que restregar al contribuyente el gasto que ocasiona a las arcas públicas, que están llenas gracias a su dinero, deberían dar un paso adelante y decirle cuánto nos cuesta mantener toda la parafernalia de la clase política y lo que hay a su alrededor (y no me estoy refiriendo a su trabajo como tal, si no a cosas como los viajes que Biel ha hecho durante este año a Motorland, por ejemplo).

    En fin, ¿y tú cuánto hace que no vas al médico? ¿Estás en la media de 6 consultas al año? ¿Te pasas? ¿No llegas?

    Un saludo.

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  • may 4

    Como dice el refrán, cada loco con su tema. Y yo al mío, aquí sigo, erre que erre, a ver qué saco en claro de algo en lo que me he empecinado. Por si no sabes de qué hablo, aquí está la entrada donde conté un poco el tema de la discriminación que hay en ciertos bares de Zaragoza a la hora de cobrar la entrada, según seas hombre o mujer.

    Hace poco estuve de viaje por Barcelona, y cómo no, tuve que matar la curiosidad por saber si allí pasaba lo mismo que aquí, y la respuesta es la que me esperaba: en Barcelona hombres y mujeres pagan lo mismo por entrar en bares y discotecas. Esto me lleva a la lamentable conclusión de que Zaragoza, pese a sus aspiraciones de ser una gran ciudad, sigue siendo un compadreo urbanita, en gran parte gracias a costumbres (por llamarlo de alguna forma) como esta.

    Volviendo al tema que nos ocupa, y siguiendo con la anterior entrada, durante este tiempo he consultado por el asunto a las instituciones a las que me remitió el Gobierno: Ayuntamiento y DGA. Y como ya vaticiné en su día, las respuestas han sido para reír por no llorar. Desde luego, un cero para cada uno. Pero antes de pasar a las críticas voy a citar las dos respuestas.

    En el caso del Ayuntamiento me contestaron lo siguiente:

    En primer lugar, queremos agradecerle su colaboración por utilizar este servicio como instrumento para hacernos llegar sus planteamientos y sus inquietudes.

    Y en segundo lugar, informarle que no consideramos que el Ayuntamiento tenga competencia en este tema; no obstante, le remitimos los datos de contacto de la Oficina Municipal de Información al Consumidor, dónde le pueden orienta.

    Desde luego tengo que destacar la diligencia en la respuesta: no consideramos que el Ayuntamiento tenga competencia en este tema. Pues bien, Señores del Ayuntamiento de Zaragoza, para cuando lean esto, sepan ustedes que es bochornoso que una institución pública, regida por reglamentos escritos, dé una respuesta con el verbo considerar conjugado de esa forma, que a mi juicio no expresa más que una subjetividad total, de lo que deduzco que pasan la patata caliente a otra institución por oscuros motivos que algún día sabré (bueno, no nos vamos a engañar, todos los sabemos pero queda mal decirlos).

    Tirada por tierra la opción de que la competencia al respecto fuese del Ayuntamiento, sólo me quedaba por consultar al tercer mosquetero, el tercer miembro del oráculo: la DGA. Tras enviarles la consulta pertinente, remitida al departamento de Industria, Comercio y Turismo, que es quien tiene competencia sobre bares y discotecas, no sé muy bien qué interpretación dieron al tema, pero el caso es que redirigieron el escrito al Departamento de Política Territorial, Justicia e Interior, los cuales amablemente me contestaron diciendo que no tenían competencia (evidentemente), y que en todo caso eso afecta a un derecho fundamental y cabe intervención del Tribunal Constitucional (bueno, ahí se han pasado, tampoco hay que irse por los cerros de Úbeda).

    Conclusión: el Ayuntamiento y la DGA pasan olímpicamente del tema, supongo que porque se piensan que aquí uno tiene ganas de perder el tiempo en chorradas. Lástima que realmente no sea ninguna tontería, y ahora es cuando puedo afirmar públicamente que la Administración Pública esta dando pie a que exista una grave discriminación de la que tienen conocimiento y que no trata de impedir.

    Pero como decía Ramón y Cajal, no hay nada más persistente que un Aragonés con paciencia (bueno, no era así exactamente, pero era algo parecido). Así que ahora me planteo dos opciones a seguir:

    1. Remitir al Justicia de Aragón todas las respuestas que he obtenido, porque me parece vergonzoso que se tomen algo así por el pito del sereno.
    2. Volver a escribir al Gobierno Central para que tome cartas en el asunto, porque está visto que las autonomías mucho pedir competencias, pero luego hacen lo que les da la gana.

    Y bueno, como nota tecnológica tengo que resaltar que parece que la comunicación electrónica con la Administración sí que funciona, al menos reciben y contestan correos. No todo iba a ser malo.

    Lo dicho, seguiremos dando mal.

    ¡Un saludo!

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