Blog de Víctor Corbacho

¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?

  • may 4

    Como dice el refrán, cada loco con su tema. Y yo al mío, aquí sigo, erre que erre, a ver qué saco en claro de algo en lo que me he empecinado. Por si no sabes de qué hablo, aquí está la entrada donde conté un poco el tema de la discriminación que hay en ciertos bares de Zaragoza a la hora de cobrar la entrada, según seas hombre o mujer.

    Hace poco estuve de viaje por Barcelona, y cómo no, tuve que matar la curiosidad por saber si allí pasaba lo mismo que aquí, y la respuesta es la que me esperaba: en Barcelona hombres y mujeres pagan lo mismo por entrar en bares y discotecas. Esto me lleva a la lamentable conclusión de que Zaragoza, pese a sus aspiraciones de ser una gran ciudad, sigue siendo un compadreo urbanita, en gran parte gracias a costumbres (por llamarlo de alguna forma) como esta.

    Volviendo al tema que nos ocupa, y siguiendo con la anterior entrada, durante este tiempo he consultado por el asunto a las instituciones a las que me remitió el Gobierno: Ayuntamiento y DGA. Y como ya vaticiné en su día, las respuestas han sido para reír por no llorar. Desde luego, un cero para cada uno. Pero antes de pasar a las críticas voy a citar las dos respuestas.

    En el caso del Ayuntamiento me contestaron lo siguiente:

    En primer lugar, queremos agradecerle su colaboración por utilizar este servicio como instrumento para hacernos llegar sus planteamientos y sus inquietudes.

    Y en segundo lugar, informarle que no consideramos que el Ayuntamiento tenga competencia en este tema; no obstante, le remitimos los datos de contacto de la Oficina Municipal de Información al Consumidor, dónde le pueden orienta.

    Desde luego tengo que destacar la diligencia en la respuesta: no consideramos que el Ayuntamiento tenga competencia en este tema. Pues bien, Señores del Ayuntamiento de Zaragoza, para cuando lean esto, sepan ustedes que es bochornoso que una institución pública, regida por reglamentos escritos, dé una respuesta con el verbo considerar conjugado de esa forma, que a mi juicio no expresa más que una subjetividad total, de lo que deduzco que pasan la patata caliente a otra institución por oscuros motivos que algún día sabré (bueno, no nos vamos a engañar, todos los sabemos pero queda mal decirlos).

    Tirada por tierra la opción de que la competencia al respecto fuese del Ayuntamiento, sólo me quedaba por consultar al tercer mosquetero, el tercer miembro del oráculo: la DGA. Tras enviarles la consulta pertinente, remitida al departamento de Industria, Comercio y Turismo, que es quien tiene competencia sobre bares y discotecas, no sé muy bien qué interpretación dieron al tema, pero el caso es que redirigieron el escrito al Departamento de Política Territorial, Justicia e Interior, los cuales amablemente me contestaron diciendo que no tenían competencia (evidentemente), y que en todo caso eso afecta a un derecho fundamental y cabe intervención del Tribunal Constitucional (bueno, ahí se han pasado, tampoco hay que irse por los cerros de Úbeda).

    Conclusión: el Ayuntamiento y la DGA pasan olímpicamente del tema, supongo que porque se piensan que aquí uno tiene ganas de perder el tiempo en chorradas. Lástima que realmente no sea ninguna tontería, y ahora es cuando puedo afirmar públicamente que la Administración Pública esta dando pie a que exista una grave discriminación de la que tienen conocimiento y que no trata de impedir.

    Pero como decía Ramón y Cajal, no hay nada más persistente que un Aragonés con paciencia (bueno, no era así exactamente, pero era algo parecido). Así que ahora me planteo dos opciones a seguir:

    1. Remitir al Justicia de Aragón todas las respuestas que he obtenido, porque me parece vergonzoso que se tomen algo así por el pito del sereno.
    2. Volver a escribir al Gobierno Central para que tome cartas en el asunto, porque está visto que las autonomías mucho pedir competencias, pero luego hacen lo que les da la gana.

    Y bueno, como nota tecnológica tengo que resaltar que parece que la comunicación electrónica con la Administración sí que funciona, al menos reciben y contestan correos. No todo iba a ser malo.

    Lo dicho, seguiremos dando mal.

    ¡Un saludo!

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  • ene 14

    Hoy toca un culebrón. En vista de que me viene encima un añito más, y alcanzo el límite para que Ibercaja empiece a atracarme con la excusa del mantenimiento de mi cuenta (que no utilizo para nada), un día decidí ir a cancelarla antes de que fuera demasiado tarde (se acerca el día D).  Todo iba perfecto, y el joven que me atendió no puso ningún impedimento para cancelar la cuenta, hasta que le dije que también tenía una tarjeta asociada que era carné joven.

    Yo entiendo perfectamente (así lo pone en el contrato) que ante esta cancelación, se cancele también la tarjeta, y que ya que ésta es propiedad de la entidad, que se la quede para su destrucción, pero antes esta situación, le dije que por mi parte no había ningún problema, pero que me tendrian que dar un carné normal (de los que llevan la foto), algo que veo lógico, ¿no? Bueno, pues ante este planteamiento el joven en cuestión planteó la duda a  otro veterano del lugar, y llegados aquí voy a explayarme un poquito.

    Este lugar es la agencia 34 de Ibercaja. Si ya de por sí esta entidad funciona realmente mal, los maulones de esta agencia (ojo, hay un par por lo menos que se salvan, no sé ni cómo aguantan), se llevan la palma. Estos señores tienen una forma de atención peculiar, haciendo esperar lo máximo posible al cliente, con una desfachatez propia de un prepotente perdonavidas (expresión nueva), y que encima hacen una atención totalmente selectiva de los clientes: “¿a ti te conozco? ¡Ah! pues mira, toma calendario, toma boli, y te atiendo enseguida”. “¿A ti no te conozco? ¿Te crees que me importa que seas cliente? Ale, a ver quien tiene más paciencia”. Pero esto de la atención selectiva es algo que se puede hacer extensivo a todas las oficinas de Ibercaja (en serio, ¿cómo se puede tratar tan mal a los clientes?). Y ojo que no es una opinión, sólo mía, que sé de buena mano que muchas personas piensan así.

    Pues bien, tras la consulta (y este breve desahogo) el joven padawan volvió, y me dijo que ellos no tenían nada que ver con el carné joven (a ver si alguien de la DGA lee esto), que sólo los daban y que si quería podía pagar 8 euros y me daban otro. Qué bien, pagar 8 euros por algo que ya tengo. Por no discutir, porque de dónde no hay no se puede sacar, y no hablo por el chico que me atendió, sino por los osos perezosos que se tenían que ir a casa (claro, un jueves por la tarde, a las 19:30, y me vienes a dar trabajo), me fui a casa diciéndoles que ya lo aclararía con el Instituto Aragonés de la Juventud.

    Y así hice, redacté un e-mail y lo envié. Amigo lector, no pierdas el tiempo escribiendo correos electrónicos a este lugar. A día de hoy (esto fue a primeros de diciembre) sigo esperando su respuesta. Iluso de mí llegué a pensar que en el s. XXI con una ley de administración electrónica en vigor, alguien me contestaría a mi correo, aunque fuese para decir “feliz navidad”.

    ¿Y al final qué? Pues que me voy a tener que fastidiar y pedir  un día de vacaciones para poder solucionar esto, y aún así ya veremos si consigo algo, aunque espero que sí, porque si no voy a tener tema para hablar en este blog para largo.

    Continuará.

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  • Seguridad en contraseñas

    Incluida en Cajón desastre
    Tiempo estimado de lectura 1,07minutos
    mar 19

    Al contrario de lo que pueda parecer con el título de esta entrada, no voy a hablar sobre la seguridad de las contraseñas o cómo crear contraseñas seguras para internet y demás. Hoy me he registrado en un portal del Gobierno de Aragón llamado Plataforma de Auto Registro, mediante el cual el usuario puede acceder a los distintos datos que la DGA tenga sobre él.

    Pues bien, tras recibir el correo de información de registro he procedido a completarlo, introduciendo mi e-mail y una contraseña, la cosa parecía fácil. Así que he puesto mi contraseña favorita y…

    1. “La contraseña debe tener al menos 8 dígitos”,bueno, los pongo…
    2. “La contraseña debe empezar por una letra”, vale, empieza por una letra….
    3. “La contraseña debe contener mayúsculas”, bueno, por comodidad, todo en mayúsculas…
    4. “La contraseña debe contener minúsuclas”, hummm, bien, ahí van unas minúsculas…
    5. “La contraseña debe contener caracteres numéricos”, ¡pero ya vale!

    Llegado al punto cinco, leo que además de todo esto entre los caracteres 2 y 6 hay que poner algún símbolo no alfanumérico (del tipo _,@,#…) Al final del párrafo veo un ejemplo de contraseña y… esa he puesto. No sé yo si tanta restricción es efectiva para proteger una contraseña, porque vale que ahora por fuerza bruta la contraseña es fuerte, pero evidentemente nadie va a recordar esta contraseña, lo que provoca que te la apuntes en un papel o en algún sitio, y eso todos sabemos que supone una gran vulnerabilidad…

    En fin, por lo menos he pasado un rato entretenido.

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