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Las formas también construyen (o destruyen)

en Concejal, Las Pedrosas, Sociedad / por admin
23 de marzo de 2026

En los pueblos pequeños hay algo que nunca falla: todo se ve, todo se comenta y todo acaba teniendo su recorrido. No sólo lo que se hace, sino también cómo se hace.

A veces tendemos a pensar que lo importante es la acción, la gestión, los resultados. Y sí, lo son. Pero hay otra parte igual de importante que muchas veces se descuida: las formas. Y cuando hablamos de instituciones públicas, las formas no son un detalle estético, son parte esencial de su función.

Porque un ayuntamiento no sólo gestiona servicios o toma decisiones. También comunica. Y cuando lo hace, no habla una persona concreta, habla en nombre de todos.

En las últimas semanas se están viendo situaciones que invitan, como mínimo, a reflexionar sobre esto. No tanto por hechos aislados, sino por una cierta manera de hacer que se repite: decisiones sobre qué se difunde y qué no, y una forma de comunicar que en ocasiones resulta difícil de encajar dentro de lo que debería ser un tono institucional.

La difusión de actividades, por ejemplo, no debería depender de a quién le apetece o no le apetece publicar algo, ni de si alguien lo pide o deja de pedirlo. En un municipio pequeño, donde cualquier iniciativa suma, facilitar que la información llegue a todos debería ser algo casi automático. No por hacer un favor a nadie, sino porque forma parte de lo público.

Cuando eso no ocurre, el problema no es sólo que una actividad tenga más o menos visibilidad. El problema es el mensaje que se lanza: que no todas las iniciativas cuentan igual, que no todas tienen el mismo espacio. Y eso, poco a poco, acaba pasando factura.

Pero más allá de la difusión, hay otra cuestión que me parece incluso más importante: el tono.

No todo vale en la comunicación institucional. No todo se puede decir de cualquier manera. No todo se puede trasladar sin cuidar las palabras, el contexto o la imagen que se proyecta.

Y no es una cuestión de ser más o menos formal, ni de escribir mejor o peor. Es una cuestión de entender que cuando se utiliza un canal público, se está representando a todo un pueblo, con su diversidad, sus sensibilidades y su forma de convivir.

Por eso, cuando las formas fallan, no es sólo un problema de estilo. Es un problema de fondo.

Porque las formas construyen confianza… o la deterioran. Acercan… o generan distancia. Suman… o dividen.

En un entorno pequeño, esto se nota todavía más. Aquí no hay anonimato ni grandes filtros. Lo que se dice y cómo se dice tiene un impacto directo en la convivencia diaria.

Y por eso, precisamente, creo que merece la pena pararse a pensarlo.

No se trata de señalar a nadie ni de entrar en debates estériles. Se trata de algo mucho más sencillo, y a la vez más importante: de recordar qué significa realmente gestionar lo público.

Gestionar lo público no es sólo tomar decisiones. Es hacerlo con criterios claros, con coherencia y, sobre todo, con respeto.

Respeto hacia las personas, hacia las iniciativas que nacen del propio pueblo y hacia la propia institución que se representa.

Porque al final, más allá de cualquier circunstancia puntual, lo que queda es eso: la manera en que hacemos las cosas.

Y en un pueblo, esa manera importa más de lo que a veces pensamos.

Cuando las instituciones señalan: reflexiones desde un pueblo pequeño

en Cajón desastre / por admin
15 de enero de 2026
Vista de Las Pedrosas desde el campanario

Vivir en un pueblo tiene muchas cosas buenas. Cercanía, identidad, memoria compartida. Pero también tiene una fragilidad que a veces olvidamos: cuando el clima social se tensa, todo se amplifica y cuesta mucho volver atrás.

En ese contexto, el papel de las instituciones públicas debería ser especialmente cuidadoso. No para evitar el debate —el debate es sano y necesario— sino para garantizar algo básico: neutralidad, respeto y juego limpio.

El desacuerdo es legítimo

Discrepar sobre proyectos, prioridades o decisiones forma parte de la vida democrática. En Las Pedrosas, como en cualquier otro sitio, se puede estar a favor o en contra de una actuación concreta, de una inversión o de una forma de gestionar el patrimonio común. Eso no solo es normal, es deseable, y tradicionalmente este tipo de debates se han abordado desde el respeto y el diálogo entre quienes representan al conjunto de la ciudadanía.

El problema aparece cuando se cruza una línea: cuando el desacuerdo político se transforma en señalamientos personales, cuando se mezclan datos sin contexto, o cuando se utilizan canales institucionales para lanzar mensajes con un destinatario implícito.

Cuando el mensaje importa más que la intención

Desde hace un tiempo se vienen difundiendo, desde redes sociales y desde canales oficiales, mensajes con alusiones personales, juicios morales y reproches indirectos. No es tanto una cuestión de intención —que siempre se puede discutir— como de posición.

No es lo mismo opinar desde un perfil personal que hacerlo desde una institución. Cuando habla un ayuntamiento, no habla “alguien”: habla el poder público. Y eso cambia completamente el impacto del mensaje.

Palabras como orgullo, humildad, bien común o enfrentamiento social, cuando se utilizan desde una posición institucional y con destinatarios reconocibles, dejan de ser reflexiones generales y pasan a convertirse en herramientas de presión. Aunque no se nombren personas.

El efecto silencioso

Este tipo de mensajes no solo afectan a quien los recibe directamente. Generan algo mucho más dañino en pueblos pequeños: silencio, autocensura, miedo a significarse.

Y ese clima termina afectando a todo:

  • A las asociaciones que intentan poner en marcha actividades.
  • A las personas que quieren colaborar pero prefieren no “meterse en líos”.
  • A la convivencia, que se resiente cuando se normaliza señalar en lugar de dialogar.

Asociacionismo y neutralidad

Las asociaciones culturales, vecinales o sociales no deberían ser vistas como una amenaza, ni como una extensión de ninguna sigla, ni instrumentalizadas para alimentar lecturas interesadas. Son una expresión normal de una sociedad viva.

La neutralidad institucional no consiste en no decir nada. Consiste en tratar a todas las iniciativas con el mismo respeto, en no amplificar unas mientras se ignoran otras, y en no responder desde el púlpito institucional a mensajes que, gusten más o menos, forman parte del debate social.

Una reflexión necesaria

No escribo esto para pedir privilegios, ni para reclamar aplausos. Tampoco para alimentar enfrentamientos. Lo escribo como una reflexión personal, y por eso tiene sentido que esté en este blog, porque creo que merece la pena parar un momento y preguntarnos:

  • ¿Qué tipo de pueblo queremos ser?
  • ¿Uno donde discrepar tiene consecuencias personales, donde el miedo a ser señalado acaba inhibiendo la libertad de las personas?
  • ¿O uno donde las instituciones y quienes las integran cuidan el clima común, incluso cuando no están de acuerdo?

Las palabras importan. Los canales importan. Y, sobre todo, las responsabilidades importan.

Por mi parte, seguiré defendiendo la participación, el asociacionismo y el respeto, aunque a veces resulte incómodo. Porque cuidar el bien común no es silenciar al que molesta, sino garantizar que todos podamos expresarnos sin miedo. Y, sobre todo, porque me importa mi pueblo y me importan las personas que lo viven, lo visitan y lo sienten en distintos momentos.

Gracias, Miguel y Raquel, por estar: nueve años de servicio y cercanía

en Las Pedrosas / por admin
20 de diciembre de 2025

Esta semana se han despedido del pueblo Miguel y Raquel, los carniceros que durante nueve años han venido a Las Pedrosas a prestarnos un servicio que, en un pueblo pequeño como el nuestro, es mucho más que vender carne.

En todo este tiempo hemos vivido de todo: la pandemia, cuando se colocaban en la plaza y había que ir de uno en uno; las esperas hasta que llegaban porque se les acumulaba el trabajo en otros pueblos; los días de frío, de calor y de prisas… y siempre han estado ahí, cumpliendo, con profesionalidad y cercanía.

Pero también quedan muchos buenos momentos. Como las barbacoas que se organizaban para todo el pueblo en días especiales, por ejemplo Jueves Lardero, aprovechando que venían para comprarles las longanizas y hacerlas a la brasa para todos los vecinos. Momentos sencillos, pero que hacen pueblo y se quedan en la memoria.

Miguel se jubila ahora y otros continuarán el negocio, pero creo que es justo reconocer y agradecer públicamente el trabajo que han hecho durante tantos años. Porque en pueblos donde ya no hay tiendas, estos servicios son esenciales para poder seguir viviendo aquí con dignidad.

Gracias, Miguel y Raquel, por vuestro esfuerzo, vuestra constancia y vuestro trato.
Os deseamos lo mejor en esta nueva etapa, especialmente a Miguel en su merecida jubilación.

El silo de Las Pedrosas: cuando el consenso se descarta sin alternativas claras

en Las Pedrosas / por admin
15 de diciembre de 2025

El silo de Las Pedrosas no es solo un edificio. Es parte de la historia reciente del pueblo y un ejemplo de patrimonio industrial ligado a la agricultura y a la vida económica y social de varias generaciones. Por eso, cualquier decisión sobre su futuro debería tomarse con cuidado, con transparencia y, sobre todo, contando con la gente.

Hace un tiempo se trabajó en un proyecto ambicioso para el silo. No fue una idea improvisada ni personal. Se realizaron reuniones, se recogieron aportaciones de vecinos y se buscó un enfoque que diera al edificio un uso útil para el pueblo, respetando su valor patrimonial y aprovechando la maquinaria existente, que forma parte inseparable del conjunto. Ese proyecto generó consenso y marcó una línea clara sobre qué se quería hacer y cómo.

Con el tiempo, ese proyecto ha sido cuestionado. Desde el Ayuntamiento se ha señalado que se trata de una propuesta “cara” o difícil de asumir económicamente. Sin embargo, no se ha presentado un análisis detallado que lo justifique, ni se ha comparado su coste con otras actuaciones que sí se están planteando, como el desmontaje de maquinaria o intervenciones parciales sin un destino definido. Cuestionar un proyecto por su coste es legítimo; hacerlo sin alternativas claras ni cifras sobre la mesa no lo es tanto.

Más allá del argumento económico, lo preocupante es que el proyecto se ha descartado sin un nuevo proceso de participación. No se ha vuelto a convocar a los vecinos para replantear el uso del silo, ajustar el alcance del proyecto o buscar fases asumibles. Simplemente, se ha pasado de un plan consensuado a un escenario de indefinición, en el que se habla de posibles usos futuros, alquileres o ideas aún por concretar.

En este contexto, se están tomando decisiones que van en sentido contrario a la conservación del patrimonio industrial, como el desmontaje de parte de la maquinaria interior. Estas actuaciones no solo suponen la pérdida de elementos con valor histórico y simbólico, sino también un gasto económico que resulta difícil de entender cuando, al mismo tiempo, se argumenta que el proyecto original era demasiado caro.

En varias ocasiones he manifestado públicamente mi desacuerdo con este enfoque y he pedido explicaciones claras sobre cuál es el plan real para el silo. A día de hoy, esas explicaciones no han llegado. Defender el proyecto trabajado con los vecinos no es una cuestión de capricho ni de nostalgia; es una cuestión de respeto al trabajo colectivo ya realizado y de coherencia en la gestión de los recursos públicos.

El debate no debería ser si el silo “gusta más o menos” a quien gobierna en cada momento. Debería ser cómo aprovechar un bien común de forma responsable, transparente y consensuada. Si el proyecto original no es viable, lo razonable sería explicarlo con datos, abrir de nuevo el diálogo y buscar alternativas junto a los vecinos, no actuar de espaldas al pueblo ni deshacer lo que ya estaba pensado.

El silo de Las Pedrosas merece un plan claro, realista y compartido. Recuperar la transparencia y la participación no es un obstáculo: es la única forma de convertir este edificio en una oportunidad y no en una fuente de conflicto y gasto innecesario.

El regalo que no acepté

en Cajón desastre / por admin
3 de noviembre de 2025

Un maestro y su discípulo caminaban por el campo.

De repente, un campesino gritó insultos desde su casa. El discípulo, enfadado, quiso responderle, pero el maestro sonrió y siguió caminando.

—Maestro, ¿no va a decirle nada? —preguntó el joven.
—Si alguien te ofrece un regalo y no lo aceptas, ¿de quién sigue siendo el regalo? —respondió el maestro.

El discípulo entendió: lo que no aceptas, no te pertenece.

Hay cosas que se devuelven con silencio y dignidad. No por debilidad, sino por respeto a uno mismo y a quienes sólo quieren vivir tranquilos y en paz.

Que la tierra te sea leve, Antonio

en Cajón desastre / por admin
8 de mayo de 2025

Ayer nos dejaba Antonio Aurensanz, fundador de Casa Antonio, de Ontinar del Salz. Conocí a Antonio a través de otro compañero suyo del gremio, Hermógenes, aunque ya conocía de sus andanzas por otro del gremio, Herman, el holandés. Siempre lo consideré un hombre trabajador, con mucha cabeza, y con muchas ganas de pelear. La vida le castigó con la pérdida de personas queridas antes de hora.

Antonio permanece con sus conversaciones, sus recuerdos, y sus gintonics a media tarde en Espoz y Mina, con una buena tertulia, en nosotros.

Un placer haber compartido contigo interesantes momentos. Que la tierra te sea leve, amigo.

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