Lo que no se va

Hay personas que siempre han estado ahí.
Y no sabes desde cuándo, porque forman parte de tu vida casi sin darte cuenta.
Dora era una de ellas.
Vino de El Frago a trabajar aquí, a Las Pedrosas, y aquí se quedó. Aquí hizo su vida, su casa, su familia. Aquí se convirtió en una más del pueblo, porque para mí ella, Antonio y Maricruz siempre fueron los vecinos de casa por la parte de atrás.
Junto a Antonio, eran de esa gente buena de verdad. Sin complicaciones. Trabajadores, cercanos, de los que siempre tenían un saludo, una palabra, una presencia tranquila.
De los que te han visto crecer.
Y eso, aunque no lo pienses en el día a día, se queda muy dentro.
Antonio se fue hace un tiempo… y hoy cuesta no pensar que ya están otra vez juntos.
Y aquí nos quedamos nosotros, con esa sensación rara de que falta alguien que siempre había estado.
Pero también con algo bonito.
Porque Dora no se va del todo. Se queda en sus recuerdos, en lo que contó, en su manera de ser. Y, en mi caso, en la suerte de haber podido sentarme con ella, escucharla y guardar un trocito de su vida en “Remerando Las Pedrosas”.
Ahora eso vale todavía más.
Nos queda Maricruz, a la que mando un abrazo muy grande.
Y nos queda Dora, en lo sencillo, en lo cercano, en todo eso que hace que un pueblo sea un pueblo.
Gracias por tanto, Dora.

