ITV: la gran aventura
¿Quién no ha pasado alguna vez la ITV de un vehículo? Pocos son los afortunados que nunca se han tenido que enfrentar a ese incierto trámite. Una inspección implantada por la administración con el supuesto objetivo de vigilar que el parque móvil estuviese en perfecto estado, y que sigue existiendo usándose como excusa ese mismo pretexto.
Y cada año (para los que no tenemos la suerte de tener un coche «nuevo» y el que tenemos tiene ya más de 10) llega el fantástico día. El coche ha ido al taller, funcionan las luces, filtros limpios (para más inri mi coche es diésel), aceite, refrigerante… Todo revisado y cambiado si toca.
Y tras la ceremonia previa empieza la fiesta del claxon y limpiaparabrisas (esto es nuevo de hace un par de años). Ahora ya miran también los cinturones, bueno, al menos comprueban cosas útiles. Pero sin duda lo que yo creo que más revisan es la matrícula, y cuando ven que tu coche tiene unos cuántos añitos ponen el modo destroyer, y si no que me digan a mi si es normal que este año me miraran todos los botoncitos del interior (no son muchos, antinieblas, calefacción y demás), y hasta si el aire salía por las ranuras superiores que desempañan el cristal…
Pero sin duda lo más divertido es lo de los humos, porque digo yo, ¿qué me importa que mi humo sea opaco? ¿Acaso contamina? Pues no, es una simple cuestión de estética. Pero claro, el diésel no emite CO2 y demás gases de forma tan descomunal como los gasolinas, así que con la excusa de que provoca cáncer (vaya, la gasolina sin plomo no provoca mucho más cáncer ¿no? ¡Ay! Que eso no interesa decirlo) pues a revisar más gases. Luego ves coches por la calle que arrancan y parecen un prestidigitador desapareciendo en una nube de humo, pero claro, como tienen menos de 4 años ellos pueden circular libremente, yo si un año echo un poco de humo… al desguace.
Pero tras pasar este trago no termina el asunto, no se piense el participante de esta ginkana que iba a ser tan fácil, que queda lo más doloroso: los 40 euros (más o menos) que hay que soltar a tocateja para que te pongan la pegatina y el sello. Menos mal que este año descubrí que el café de la máquina que hay valía 30 céntimos y era potable, todo un hallazgo.
En fin, una vez más, sólo nos queda patalear, agachar la cabeza y cumplir religiosamente con las obligaciones a las que todo buen ciudadano está sometido.
Como curiosidad, y referente a la imagen que acompaña a esta entrada, este enlace que he encontrado en una excursión por guguel (curiosamente otra vez aparecen las palabras Extremadura y libre unidas): http://territoriolibre.org/index.php/2008/06/05/la-itv-en-extremadura-ya-es-libre/
Un saludo.


Me canso ya de leer por todas partes que la industria del cine pierde no sé cuántos millones de euros, que encima es por culpa de las descargas, que todos somos unas malas personas por no ir al cine y comprar las películas… Y me parece asombroso que estas cabezas pensantes no se hayan dado cuenta de una cosa: ¿realmente es de recibo cobrar más de 6 euros por ver una película? Ya no entro en que sea buena o mala, porque en cualquier caso creo que es bastante claro que el precio es excesivo.
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