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La noche que se abre camino

en Las Pedrosas / por admin
6 de julio de 2026

Hay tradiciones que no necesitan permiso para sobrevivir. Se cuelan por los resquicios, se adaptan a las circunstancias y encuentran siempre la manera de seguir adelante. No porque alguien las proteja desde arriba, sino porque hay personas que las quieren de verdad y no están dispuestas a dejarlas morir.

El día 23 de junio celebramos la Noche de San Juan, como se viene haciendo en Las Pedrosas desde hace tiempo, en la víspera del día de San Juan. No fue donde teníamos pensado. Las circunstancias de esa semana —que en otro momento contaré con más detalle— llevaron a que cambiásemos de ubicación casi en el último momento. Al final lo hicimos en una calle privada, cedida amablemente por una comunidad de vecinos que entendió perfectamente de qué iba todo esto.

Vinieron veintidós personas.

En un pueblo de poco más de cien habitantes, en día entre semana, eso no es un dato menor.

Hicimos lo que teníamos previsto: agua para sanjuanarse, plantas del entorno, una cena en la que cada cual aportó algo, y una conversación tranquila sobre el origen de esta festividad y lo que significa. La noche más corta del año, el solsticio de verano, esa frontera antigua entre estaciones que los pueblos de Aragón siempre han celebrado de maneras sencillas y cercanas.

Estas semanas han sido intensas en Las Pedrosas. Ha habido momentos de frustración, de incredulidad, de preguntarse por qué cuesta tanto hacer cosas sencillas. Ha habido papeles, registros, resoluciones y conversaciones que uno no esperaría tener por querer organizar una cena de vecinos.

Pero al final, la cena se hizo. Con veintidós personas, en una calle privada, bajo las estrellas de junio.

Y eso, que parece poco, lo es todo.

Es curioso, por cierto, cómo algunas iniciativas encuentran siempre el camino despejado —el espacio disponible, la colaboración institucional, el cartel en el tablón—, mientras que otras tienen que buscarse la vida por su cuenta, cambiar de ubicación en el último momento y agradecer a unos vecinos que cedan una calle. Es una reflexión. Y lo digo porque es parte de la historia, y esta es una historia verdadera.

Porque las tradiciones no sobreviven porque las instituciones, o quienes las dirigen, las protejan. Sobreviven porque hay gente que las sostiene con sus propias manos, que no se rinde cuando las cosas se complican y que entiende que lo importante no es dónde ni con qué medios, sino que se haga.

La Noche de San Juan en Las Pedrosas seguirá. El año que viene, y el siguiente, y los que vengan. Donde haga falta y como haga falta.

Y el verano aún no ha dicho todo lo que tiene que decir. El 12 de agosto, a las 20:29, Las Pedrosas estará en la franja de totalidad del eclipse solar. Durante 57 segundos, la noche llegará antes de tiempo. Otra frontera antigua entre la luz y la oscuridad. Otra razón para salir a la calle y mirar hacia arriba juntos.

Más detalles pronto.

Lo que no se va

en Cajón desastre, Las Pedrosas / por admin
24 de marzo de 2026

Hay personas que siempre han estado ahí.
Y no sabes desde cuándo, porque forman parte de tu vida casi sin darte cuenta.

Dora era una de ellas.

Vino de El Frago a trabajar aquí, a Las Pedrosas, y aquí se quedó. Aquí hizo su vida, su casa, su familia. Aquí se convirtió en una más del pueblo, porque para mí ella, Antonio y Maricruz siempre fueron los vecinos de casa por la parte de atrás.

Junto a Antonio, eran de esa gente buena de verdad. Sin complicaciones. Trabajadores, cercanos, de los que siempre tenían un saludo, una palabra, una presencia tranquila.

De los que te han visto crecer.

Y eso, aunque no lo pienses en el día a día, se queda muy dentro.

Antonio se fue hace un tiempo… y hoy cuesta no pensar que ya están otra vez juntos.

Y aquí nos quedamos nosotros, con esa sensación rara de que falta alguien que siempre había estado.

Pero también con algo bonito.

Porque Dora no se va del todo. Se queda en sus recuerdos, en lo que contó, en su manera de ser. Y, en mi caso, en la suerte de haber podido sentarme con ella, escucharla y guardar un trocito de su vida en “Remerando Las Pedrosas”.

Ahora eso vale todavía más.

Nos queda Maricruz, a la que mando un abrazo muy grande.

Y nos queda Dora, en lo sencillo, en lo cercano, en todo eso que hace que un pueblo sea un pueblo.

Gracias por tanto, Dora.

Las formas también construyen (o destruyen)

en Concejal, Las Pedrosas, Sociedad / por admin
23 de marzo de 2026

En los pueblos pequeños hay algo que nunca falla: todo se ve, todo se comenta y todo acaba teniendo su recorrido. No sólo lo que se hace, sino también cómo se hace.

A veces tendemos a pensar que lo importante es la acción, la gestión, los resultados. Y sí, lo son. Pero hay otra parte igual de importante que muchas veces se descuida: las formas. Y cuando hablamos de instituciones públicas, las formas no son un detalle estético, son parte esencial de su función.

Porque un ayuntamiento no sólo gestiona servicios o toma decisiones. También comunica. Y cuando lo hace, no habla una persona concreta, habla en nombre de todos.

En las últimas semanas se están viendo situaciones que invitan, como mínimo, a reflexionar sobre esto. No tanto por hechos aislados, sino por una cierta manera de hacer que se repite: decisiones sobre qué se difunde y qué no, y una forma de comunicar que en ocasiones resulta difícil de encajar dentro de lo que debería ser un tono institucional.

La difusión de actividades, por ejemplo, no debería depender de a quién le apetece o no le apetece publicar algo, ni de si alguien lo pide o deja de pedirlo. En un municipio pequeño, donde cualquier iniciativa suma, facilitar que la información llegue a todos debería ser algo casi automático. No por hacer un favor a nadie, sino porque forma parte de lo público.

Cuando eso no ocurre, el problema no es sólo que una actividad tenga más o menos visibilidad. El problema es el mensaje que se lanza: que no todas las iniciativas cuentan igual, que no todas tienen el mismo espacio. Y eso, poco a poco, acaba pasando factura.

Pero más allá de la difusión, hay otra cuestión que me parece incluso más importante: el tono.

No todo vale en la comunicación institucional. No todo se puede decir de cualquier manera. No todo se puede trasladar sin cuidar las palabras, el contexto o la imagen que se proyecta.

Y no es una cuestión de ser más o menos formal, ni de escribir mejor o peor. Es una cuestión de entender que cuando se utiliza un canal público, se está representando a todo un pueblo, con su diversidad, sus sensibilidades y su forma de convivir.

Por eso, cuando las formas fallan, no es sólo un problema de estilo. Es un problema de fondo.

Porque las formas construyen confianza… o la deterioran. Acercan… o generan distancia. Suman… o dividen.

En un entorno pequeño, esto se nota todavía más. Aquí no hay anonimato ni grandes filtros. Lo que se dice y cómo se dice tiene un impacto directo en la convivencia diaria.

Y por eso, precisamente, creo que merece la pena pararse a pensarlo.

No se trata de señalar a nadie ni de entrar en debates estériles. Se trata de algo mucho más sencillo, y a la vez más importante: de recordar qué significa realmente gestionar lo público.

Gestionar lo público no es sólo tomar decisiones. Es hacerlo con criterios claros, con coherencia y, sobre todo, con respeto.

Respeto hacia las personas, hacia las iniciativas que nacen del propio pueblo y hacia la propia institución que se representa.

Porque al final, más allá de cualquier circunstancia puntual, lo que queda es eso: la manera en que hacemos las cosas.

Y en un pueblo, esa manera importa más de lo que a veces pensamos.

Gracias, Miguel y Raquel, por estar: nueve años de servicio y cercanía

en Las Pedrosas / por admin
20 de diciembre de 2025

Esta semana se han despedido del pueblo Miguel y Raquel, los carniceros que durante nueve años han venido a Las Pedrosas a prestarnos un servicio que, en un pueblo pequeño como el nuestro, es mucho más que vender carne.

En todo este tiempo hemos vivido de todo: la pandemia, cuando se colocaban en la plaza y había que ir de uno en uno; las esperas hasta que llegaban porque se les acumulaba el trabajo en otros pueblos; los días de frío, de calor y de prisas… y siempre han estado ahí, cumpliendo, con profesionalidad y cercanía.

Pero también quedan muchos buenos momentos. Como las barbacoas que se organizaban para todo el pueblo en días especiales, por ejemplo Jueves Lardero, aprovechando que venían para comprarles las longanizas y hacerlas a la brasa para todos los vecinos. Momentos sencillos, pero que hacen pueblo y se quedan en la memoria.

Miguel se jubila ahora y otros continuarán el negocio, pero creo que es justo reconocer y agradecer públicamente el trabajo que han hecho durante tantos años. Porque en pueblos donde ya no hay tiendas, estos servicios son esenciales para poder seguir viviendo aquí con dignidad.

Gracias, Miguel y Raquel, por vuestro esfuerzo, vuestra constancia y vuestro trato.
Os deseamos lo mejor en esta nueva etapa, especialmente a Miguel en su merecida jubilación.

El silo de Las Pedrosas: cuando el consenso se descarta sin alternativas claras

en Las Pedrosas / por admin
15 de diciembre de 2025

El silo de Las Pedrosas no es solo un edificio. Es parte de la historia reciente del pueblo y un ejemplo de patrimonio industrial ligado a la agricultura y a la vida económica y social de varias generaciones. Por eso, cualquier decisión sobre su futuro debería tomarse con cuidado, con transparencia y, sobre todo, contando con la gente.

Hace un tiempo se trabajó en un proyecto ambicioso para el silo. No fue una idea improvisada ni personal. Se realizaron reuniones, se recogieron aportaciones de vecinos y se buscó un enfoque que diera al edificio un uso útil para el pueblo, respetando su valor patrimonial y aprovechando la maquinaria existente, que forma parte inseparable del conjunto. Ese proyecto generó consenso y marcó una línea clara sobre qué se quería hacer y cómo.

Con el tiempo, ese proyecto ha sido cuestionado. Desde el Ayuntamiento se ha señalado que se trata de una propuesta “cara” o difícil de asumir económicamente. Sin embargo, no se ha presentado un análisis detallado que lo justifique, ni se ha comparado su coste con otras actuaciones que sí se están planteando, como el desmontaje de maquinaria o intervenciones parciales sin un destino definido. Cuestionar un proyecto por su coste es legítimo; hacerlo sin alternativas claras ni cifras sobre la mesa no lo es tanto.

Más allá del argumento económico, lo preocupante es que el proyecto se ha descartado sin un nuevo proceso de participación. No se ha vuelto a convocar a los vecinos para replantear el uso del silo, ajustar el alcance del proyecto o buscar fases asumibles. Simplemente, se ha pasado de un plan consensuado a un escenario de indefinición, en el que se habla de posibles usos futuros, alquileres o ideas aún por concretar.

En este contexto, se están tomando decisiones que van en sentido contrario a la conservación del patrimonio industrial, como el desmontaje de parte de la maquinaria interior. Estas actuaciones no solo suponen la pérdida de elementos con valor histórico y simbólico, sino también un gasto económico que resulta difícil de entender cuando, al mismo tiempo, se argumenta que el proyecto original era demasiado caro.

En varias ocasiones he manifestado públicamente mi desacuerdo con este enfoque y he pedido explicaciones claras sobre cuál es el plan real para el silo. A día de hoy, esas explicaciones no han llegado. Defender el proyecto trabajado con los vecinos no es una cuestión de capricho ni de nostalgia; es una cuestión de respeto al trabajo colectivo ya realizado y de coherencia en la gestión de los recursos públicos.

El debate no debería ser si el silo “gusta más o menos” a quien gobierna en cada momento. Debería ser cómo aprovechar un bien común de forma responsable, transparente y consensuada. Si el proyecto original no es viable, lo razonable sería explicarlo con datos, abrir de nuevo el diálogo y buscar alternativas junto a los vecinos, no actuar de espaldas al pueblo ni deshacer lo que ya estaba pensado.

El silo de Las Pedrosas merece un plan claro, realista y compartido. Recuperar la transparencia y la participación no es un obstáculo: es la única forma de convertir este edificio en una oportunidad y no en una fuente de conflicto y gasto innecesario.

Las piedras de la historia

esta entrada tiene 0 Comentarios/ en Cajón desastre, Las Pedrosas / por admin
12 de septiembre de 2023

A lo largo de los años el ser humano ha utilizado los materiales que tenía a mano para construir su mundo. Así, en el medio rural, en los lugares donde la abundancia de piedras era manifiesta, muchas construcciones y elementos se hacían con este material.

Esto nos lleva a las carreteras que se hicieron en las décadas de los años 20 y 30 en nuestro país. En mi pueblo, Las Pedrosas, hubo dos: la de Zuera a Murillo de Gállego (actual A-124), y la de Las Pedrosas a Piedratajada. Ambas carreteras cruzan el cauce del que conocemos como «Barranco del Pueblo», cuyo puente, en la carretera de Piedratajada, ya recibió un post (link aquí) cuando se decidió que debía sucumbir a los adelantos de la vida moderna, es decir, a las prisas.

Las piedras que flanqueaban estos puentes, eran unos bloques de considerable dimensión, que fueron derribados y destruidos casi en su totalidad, porque estorbaban. Unos pocos los pudimos salvar con el tractor pala, y el trabajo de mi padre y de mi tío abuelo, y con paciencia y esfuerzo los dejaron a buen recaudo.

Transcurrieron los años, y decidimos usarlos para poder sentarnos en la sombra de los árboles de la era. Al poco, una nueva calle se abría camino en Las Pedrosas: un camino tortuoso que llevaba al barranco, pasaba a comunicar, mediante una pasarela, los chalets de nueva construcción del otro lado del barranco con el casco urbano. Fue entonces cuando la alcaldesa al frente del ayuntamiento de Las Pedrosas nos pidió permiso para coger uno de los bloques que habíamos salvado de la destrucción, y colocarlo a mitad del recorrido de la nueva calle, para descanso de los peatones.

Piedra del puente del barranco, utilizada como banco para los peatones en Las Pedrosas
Imagen donde se ve la piedra, conservada tal y como se colocó en la calle, tras finalizar la pavimentación de la misma

La idea nos pareció fabulosa y allí fue el bloque de piedra. Durante todos estos años, aproximadamente 13, el bloque de piedra ha servido como banco, hasta fechas actuales, en las que alguien del actual ayuntamiento ha decidido que aquel bloque de piedra, de piedra del terreno, que ha visto discurrir a tantos y tantos pedrosanos por la carretera primero, y por la calle después, debía ser sustituido por un banco de madera, el cual fue colocado delante del bloque.

Piedra del puente del barranco, utilizada como banco para los peatones en Las Pedrosas, despreciada y tapada con un banco de madera, antes de intentar arrancarla
La piedra, anulada por un banco de madera

No siendo suficiente esto, ha habido ya un intento de quitar el bloque, y sólo puede quitarse de una forma: mediante su completa destrucción.

Vaya así hoy, desde aquí, mi más clara protesta para que esto no suceda, porque tenemos que salvar ese pedacito de historia, haciendo ver a quien lo desprecia, que esa piedra es un trozo vivo de Las Pedrosas.

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