Blog de Víctor Corbacho

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Archive for category: Cajón desastre

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Tengo la impresión de que los instaladores de antena nos están estafando…

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24 de mayo de 2010

Y es que ya son muchos los casos que oigo que siguen la siguiente secuencia:

  1. Una persona, generalmente mayor, llama al técnico de la antena porque no ve la tele.
  2. El técnico llega a su casa y ve el panorama (o eso se supone). Estos son tres casos que conozco personalmente, y que detallo a continuación, con el problema que había y su solución:
    1. El sintonizador de la TDT era defectuoso, hubo que cambiarlo.
    2. El vídeo con el cuál se sintonizaba la televisión estaba desintonizado, hubo que resintonizar los canales.
    3. El cable de la antena se había soltado de la caja que ésta lleva incorporada en el mástil, la solución era bajar la antena del mástil y volver a conectar el cable en su sitio (es un tornillo).
  3. El técnico, tras su inspección, sentencia que es totalmente necesario cambiar la antena. Una antena normal y corriente vale unos 30 euros en BricoDepot. Posiblemente la que ponga un instalador, por ser de marca más conocida (aún haciendo la misma función) costará 3 veces más, aquí hablo con desconocimiento, pero seguro que no vale 30 euros… A esto hay que sumar la mano de obra y el desplazamiento, buen negocio, sí señor.
  4. ¡Vaya! No se ha solucionado el problema. Bueno, en el caso número 3, del cable suelto, sí que se solucionó, porque a la nueva antena se le empalmó el cable.

Así que aquí queda esto como aviso. Por favor, si tenéis un poco de idea de estas cosas, y vuestros abuelos, tíos, padres o quién sea tiene un problema con la antena o la televisión (sobre todo si son mayores y viven en pueblos, que es la tónica común a los casos que he relatado), echadle un vistazo antes de que llamen a un técnico, porque están haciendo el agosto a costa del consumidor.

Un saludo.

El puente de Las Pedrosas

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17 de mayo de 2010

Sobre el Barranco del Pueblo, a la altura de la carretera de Piedratajada, en su inicio, en el pueblo de Las Pedrosas, un pequeño paraje adornado por unos pocos árboles, un puente de piedra y el sonido del agua rompía el horizonte del paisaje estepario de las bajas Cinco Villas.

Construido hace varios años, como dicen en los pueblos, después de la guerra, el puente de la carretera de Piedratajada unía los dos extremos del camino, protegiendo por fin esta vía de las avenidas del barranco. Tal era la violencia de estas riadas, que cuando aún se estaba comenzando a levantar se llevaron por delante todo el andamiaje instalado para su construcción.

Para poder dotar de utilidad a esta infraestructura, además fue necesario despropiar algunos campos y huertos cercanos, que quedaban divididos por el camino, en uno de cuyos laterales crecían unos chopos que por entonces aún contaban con pocos años de vida.

La carretera de Piedratajada no es ninguna gran vía de comunicación, ni mucho menos, sino que viene a ser lo que comúnmente se denomina carretera local, es decir, una senda estrecha y sinuosa, que permite sin problemas el paso de vehículos pequeños entre poblaciones y facilita el acceso a los campos colindantes para la maquinaria que debe cultivarlos, pero sin dar pie a que por ella circulen, de forma habitual, vehículos mucho más grandes que los citados.

Este puente está construido de piedra arenisca, típica de la zona, y cuenta con un único arco de medio punto que da soporte al pavimento. A sus lados estaba flanqueado por unas enormes piedras que hacían las funciones de quitamiedos, y que a su vez eran usadas por los vecinos del pueblo para sentarse y conversar por las tardes, cuando llegaba el buen tiempo. Pero algún que otro accidente fortuito y la construcción de la nueva carretera de Zuera, que acarreó la mejora del cruce de ésta con la de Piedratajada, acabaron con estos improvisados bancos, siendo sustituidos por unos quitamiedos normales y corrientes. Ahí comenzó ya su definitiva decadencia, pues el puente, aunque seguía soportando el pavimento de la calzada y su tránsito, ya no podía acompañar a sus amigos en las conversaciones del atardecer: no podía ofrecerles ni un pequeño asiento.

Vinieron años duros de sequía, y bajo su arco el agua se secó. Tan sólo el carrizo seguía fiel a su improvisada sombra. Pero cada invierno el agua volvía a discurrir bajo él. Cosas de la vida, desde hace algunos años el agua volvió a correr también en verano, y las ranas volvieron a croar bajo su arco.

Un día, de repente, el puente se despertó con mucho ruido. Un montón de camiones comenzaban a pasar por la carretera, llegaban buenas noticias: se iba a construir una granja en la carretera. Las obras comenzaron y terminaron pronto. Una gran explotación se levantaba en medio de los campos de cereal de la zona. El ir y venir de grandes camiones se ha convertido en algo habitual a partir de ese día.

Pero claro, el pequeño puente, cuyo tamaño era acorde al de la carretera que sobre su espalda aguantaba en silencio desde hacía años, no era lo suficientemente ancho para permitir que los grandes camiones pasaran a gran velocidad sobre él. Y como el bolsillo de algunos todo lo puede, un buen día unos señores, con picos, palas y cascos, se presentaron en el lugar dispuestos a solventar tal contingencia. Los vecinos, sus amigos, callaron por las buenas promesas de la clase política: «es una mejora para el pueblo, hacía falta». Pero en su interior ellos sabían, igual que el puente, que aquello sólo estaba encaminado a facilitar el ir y venir de la materia prima hacia la granja, que pasaría de largo por la carretera, sin dejar nada en el pueblo.

Los chopos que soportaron la primera gran obra, y la posterior reforma del cruce, habían crecido y escoltaban el pequeño tramo de carretera próximo al puente. Sus ramas eran cobijo de aves y alivio, por la sombra que daban, para los paseantes. Pero una vez más la mano del hombre iba a cambiar las cosas para ponerlas a su servicio. El puente, que había visto cómo estos árboles ganaban la batalla al asfalto y conseguían crecer a ambos lados de la carretera, como centinelas, veía ahora cómo los de uno de los laterales, los más jóvenes, los que habían crecido por sí mismos de la nada, eran arrancados sin ningún miramiento por las zarpas metálicas de las excavadoras. Mejor suerte corrieron los que llevaban allí toda la vida, aunque no se libraron de alguna que otra herida en sus troncos.

Apenas pudo darse cuenta nuestro amigo de piedra, vio cómo era atrapado entre dos enormes aros de hormigón. El cauce, donde las ranas y el carrizo lo habían acompañado desde que nació, era igualmente modificado para adaptarlo a las necesidades de unos pocos. Ya no había nada que hacer. Una capa de hormigón lo encerró por encima y lo dejó atrapado. Por fin los camiones podían pasar a gran velocidad sobre él sin problemas al cruzarse, y aquellos que veían la obra con tan buenos ojos respiraron aliviados.

Pero debajo de ese asfalto, atrapado entre el hormigón, está nuestro amigo, aturdido, cansado. Sobre su vieja espalda ahora soporta más tráfico que nunca, pero resiste m

ejor que un jovenzuelo, como siempre, en silencio. Pero en su recuerdo, en sus piedras, quedará para siempre grabado todo lo que sobre él pasó, los pájaros cantando en los árboles que ya no están, las ranas que en las tardes veraniegas

croaban con el sonido como fondo de una escena que hoy parece fruto de un sueño. Y allí también, encerrados, los recuerdos que de las conversaciones que en silencio mantuvo con los que sobre él disfrutaban, en las piedras que le arrebataron, de los atardeceres de Las Pedrosas. Aún recuerda las voces de Mariano, de Antonio, de Pascual, de Paco… Y él sabe bien que todo eso no se lo podrán arrebatar jamás, por muchas granjas que hagan o por muy grandes que sean los camiones que se empeñen en pasar sobre su espalda.

La Policía Local de Zaragoza ya ha comenzado a recortar gastos

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14 de mayo de 2010

Pues sí, amigos. Como todos sabemos, encender una bombilla de un coche incrementa un poco el consumo de combustible, así que lo mejor para no gastar es no ponerlas. ¿Por qué digo esto? Porque acabo de ver delante de mí a un vehículo de este cuerpo que se ha cambiado cinco, sí, ¡cinco!, veces de carril, sin utilizar intermitente alguno.

Lo que desconozco si además han decidido deshacerse de las bombillas para obtener un dinerillo extra para las arcas municipales.

Y referente al tema, me alegro de que la DGT haya hecho una campaña para el uso del intermitente, que me canso ya de jugar a ser Rappel.

Cuña de radio de la campaña de la DGT (archivo mp3)

Yo también quiero el horario laboral de las cajas de ahorros

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13 de mayo de 2010

Resulta que hoy vengo corriendo del trabajo, aparco el coche, me dirijo a la caja de ahorros y mis peores presentimientos se hacen realidad nada más ver la puerta: un cartelito informa de que desde el 6 de mayo hasta el 30 de septiembre, el horario será de 8:15 a 14:00. Y digo yo, que en un país donde los que trabajan (cada vez menos), tienen una jornada de 8 a 14, o de 8 a 15, o algo similar, ¿qué hay que hacer para ir a la caja de ahorros? ¿Te pides un día de fiesta? ¿Te teletransportas en tus 30 minutos de descanso?

Yo quiero que se implante este horario a todos los trabajadores. Ahora una jornada de 6 horitas (¡no llega!), y durante el año de mañanita, y los jueves por la tarde a pasar un ratito al puesto de trabajo, sí señor. Así se da un buen servicio, oiga. Y creo que quitando Caja Laboral, las demás no tienen problema en ponerse de acuerdo para estas cosas. Por lo menos podían estirar un poco más la jornada, o abrir los sábados por la mañana, muchos se lo agradeceríamos.

Y es que hay trámites que es necesario realizar en persona, por muchos adelantos que haya en internet. Hoy por ejemplo quería pedir el PIN de una tarjeta, y evidentemente no puedo cambiarlo mirando mi pantalla, así que nada, me tocará quedarme un día sin almorzar y rezar para que además no haya fila (otra enfermedad crónica de las cajas españolas, sobretodo de algunas).

En fin, aquí dejo mi pataleta. Vuelva usted mañana.

Hasta siempre, Forfi

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11 de mayo de 2010

Hoy, definitivamente, mi pequeño Forfi se va camino de su merecido descanso, a bordo de una de esas grúas que tantas veces adelantó y en las que nunca tuvo que subir. Muchas han sido las horas vividas en él, muchos los kilómetros recorridos (unos 87000 en algo más de cinco años), y muchas las historias que para siempre quedarán en mi recuerdo y en el silencio de sus moquetas.

Pero la vida tiene que seguir, y a pesar de que podría haber andado muchísimo más, con sus ya casi 20 años de vida, el viejo jovenzuelo no podía estar a la altura, ni en prestaciones ni en seguridad, de los modelos más actuales. Ojalá el nuevo sustituto salga igual de bueno que él. Y eso que ya últimamente sufría los achaques de la edad: la correa de distribución, el alternador, los soportes del motor…

Y cuántos accidentes evitamos, no se me olvidará nunca la chica que se me cruzó con una moto en mitad de la carretera… Y las ventiscas de nieve al cruzar la Muela, los viajes a La Almunia, a Gerona, a Montmeló… ¿Y la lluvia que caía cuando fui a entregar el PFC? Porque efecticamente, el Forfi también estaba allí. Y es que el Forfi, ahí donde está, estuvo aparcado en el parking In de Montmeló, con los grandes, porque era grande. Y sus 68 CV sin turbo ni nada, tenían cierta docilidad si se les encontraba el punto. Cómo olvidar el ir y volver a Cáceres, y las noches que pasó a la intemperie con todo el frío del mundo (aguazón powa!). Y sus 45ºC grados dentro en pleno verano… Pero también su calefacción en invierno, que por mucho frío que hiciera, te podías llegar a achicharrar.

Y los viajes en los que me acompañó, por sitios que ni él ni yo conocíamos (Valmadrid, Sesué, la carretera de Castejón que hacía muchísimos años que no había visto (sólo había pasado una vez), Barcelona por la N-II, Teruel estrenando la autovía, Alcubierre, Robles…).

Cuántas historias en su interior, cuántas risas, cuántos sustos, cuántos momentos tristes también…

Pero él seguirá ahí, porque siempre quedará el recuerdo, y porque no me cabe duda de que muchas de sus piezas irán a parar a otros intrépidos viajeros metálicos que seguirán paseándolas por todas partes. Algo así como un donante. Y es que aunque fuera un coche, algo material, se lo cogía también cariño.

¿Sabías que la DGT edita una revista sobre tráfico y seguridad vial?

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8 de mayo de 2010

Pues creo que pocas personas lo saben, pero desde 1985 la DGT edita una revista en la que se publican reportajes, novedades y noticias relacionadas con el tráfico en España. Ayer llegó a mi buzón el número 200, están de celebración. Hace ya tiempo que tuve la oportunidad de suscribirme a la misma, y puntualmente, cada dos meses, llegaba a mi casa. Pero la dichosa crisis ha hecho que ahora haya que pagar una suscripción anual por los 6 números, que cuesta 8 euros. No obstante, si tienes curiosidad por saber cómo es, también se publica en formato digital y es totalmente gratuita. Puedes acceder en esta página: http://dgt.es/revista/

En general, de lo que menos se habla en las páginas de la revista es de coches, y de lo que más, de todo lo relacionado con la seguridad vial. Es decir, que si esperas encontrar comparativas de los últimos modelos, esta no es tu publicación. Todas las ediciones comienzan con una secuencia fotográfica del helicóptero de la DGT de algún vehículo cometiendo una infracción, acompañada por una carta de algún lector que cuenta alguna burrada que vio. Cada número se centra en un reportaje, que por ejemplo en el caso de la edición actual trata sobre los coches eléctricos (que personalmente creo que, al menos a corto plazo, siguen sin ser una opción, pero bueno). Y luego hay otros pequeños reportajes, centrados en su mayoría en la seguridad vial (estadísticas de accidentes, nuevas señales, etc. ), y siempre suelen poner alguna entrevista a una persona famosa.

También hay casi siempre una entrevista o artículo en el que se cuenta con la opinión de uno o varios deportistas españoles del mundo del motor, como Pedrosa, Lorenzo y de la Rosa, que hablan sobre la seguridad vial, y una sección internacional, donde publican pequeñas noticias referentes al tráfico que afectan a otros países, como cambios en límites de velocidad, nuevas medidas para evitar accidentes, etc.

En general, si algo me gusta de esta revista, es la imparcialidad que tiene para tratarse de una publicación de la propia DGT, puesto que en según qué temas no tienen inconveniente en criticar a ésta o al ministerio correspondiente en la toma de medidas o actuaciones que llevan a cabo.

Pues lo dicho, si no la conoces, échale un vistazo, creo que te puede sorprender bastante y tal vez encuentres algo en sus páginas que te sea de utilidad.

Un saludo.

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