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Resumen del blog de Víctor Corbacho del año 2013
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Cada mañana cientos de conductores se ponen al volante de sus caballos de metal y transitan a toda velocidad por las calles de la ciudad, y todos tienen una justificación común para su comportamiento: llegan tarde. Y esto conlleva una afectación directa al resto de conductores que, haciendo gala de la buena educación, han puesto su despertador diez minutos antes para llegar a su hora: molestias. Read more →
Hace dos días me enteraba de una noticia sobrecogedora: moría Manuel García Maya, Manolo. A muchos quizá les suene más el nombre de Bonanza, el bar que regentaba. Cuántas horas pasadas allí. Hace sólo unos meses se sentaba junto a mi en una mesa, en su bar, y mirando la fotografía en la que salimos juntos, y que luce junto a la eterna cafetera, me decía: cómo pasa el tiempo. Estuvimos echando cuentas, y no supimos calcular el tiempo que esa imagen llevaba allí colgada: 5 ó 6 años. Qué más da, el tiempo sigue pasando. Y tú, amigo Manolo, has decidido coger otro tren y apartarte del camino de este tiempo, para seguir el tuyo. Siempre tan genial.
Unos te conocieron por tus famosos combinados; otros, por esos bocadillos tan ricos de longaniza; la mayoría, por tus chistes. Pero eras mucho más. El Bonanza no era un bar cualquiera, tampoco era un sitio raro, diferente, ni anticuado. El Bonanza, como Manolo, era bohemio, un lugar bohemio, ese rinconcito perdido en el centro de la bulliciosa ciudad donde todo lo importante era efímero, y lo efímero, cobraba importancia.
Los cuadros, los versos, la decoración. Cuántas noches, cuántas risas, cuántos amigos. Aquellas fiestas del Pilar con la banda del Canal tocando dentro. Aquellas voluptuosidades opulentas que colgaban del corcho detrás de la barra. Aquél señor con bigote. Aquel rincón.
Tantos recuerdos en tan poco espacio que es difícil enumerarlos. Y las personas que allí iban, aquellos jueves en los que por un momento uno parecía retornas a los tiempos de la república. Esos días tan bohemios. Y cuántas horas también en tu compañía, esperando, o haciendo esperar, qué más da. Cualquier excusa era buena para pasar por el Bonanza. Y lo seguirá siendo.
Hasta siempre, amigo.
El otro día echaron por la televisión entrevistas a personas para preguntar su opinión sobre que dejen meter perros en las playas. Como buenos periodistas buscando la polémica, se encargaron de ir a una playa de gente sibarita donde por supuesto nadie toleraba la presencia de perros, salvo unos pocos jovenzuelos.
Más allá de que se permita o no la entrada de perros en las playas, que es un asunto que habría que tratar de solucionar de manera satisfactoria para todos (restringiendo horarios, zonas, o como sea), hay una cosa que me inquietó de sobremanera: la actitud de las personas entrevistadas. El ser humano se cree amo y señor de todo cuanto le rodea, cuando no es así. Por esta actitud de superioridad luego pasa lo que pasa (ríos que se llevan por delante casas, por ejemplo). Por eso, teniendo en cuenta que los perros no son si no animales de este planeta, ¿hasta qué punto pueden las personas restringir su acceso a un espacio natural? Read more →
Anda en boca de todo el mundo el tema del «préstamo» del Rey a su hija y su yerno para la compra su palacio (vivienda) habitual. Si sigues mi blog, hace unos meses ya toqué el tema de las donaciones de padres a hijos, cuyo impuesto varía de una comunidad a otra, pudiendo incluso estar exentas de pagar impuesto, pero que exigen estar formalizadas en escritura pública. Pero para no pagar impuesto, que suele ser en torno a un 7% de la cantidad donada, además de la escritura deben cumplirse dos requisitos más: que la comunidad autónoma donde reside quien recibe la donación recoja esta exención en su normativa tributaria, y que ésta no pase de cierta cantidad monetaria.
La cuestión es que aún así, esto conlleva el gasto de hacer la escritura pública, por eso hasta hace un tiempo había otra vía alternativa que permitía dar dinero a alguien y no pagar impuestos: los préstamos al 0%. Estos préstamos consistían en firmar un contrato privado, que no tenía ni siquiera que estar registrado en un notario, entre dos personas, a devolver en un tiempo determinado y fijando un tipo de interés del 0%. La cuestión es que Hacienda se cansó de esta fuga de capital, y cambió de normativa, de forma que los préstamos al 0% desaparecieron: un préstamo tiene que tener un interés. ¿Y cuál es el problema de que tenga un interés mayor de cero? Pues que la percepción de rentas está sujeta a impuesto, y por tanto hay que pagar un porcentaje de esos intereses obtenidos, así que la jugada ya no es tan rentable.
Como digo, esto ya no puede hacerse, siendo la única forma de donar dinero y no pagar la que he explicado en el primer párrafo. Por tanto, lo que el Rey hizo fue una donación, enmascarada en el concepto de préstamo al 0%, con la finalidad de no pagar ningún tipo de interés, y es que a poco que el gravamen del impuesto de donaciones sea del 7%, para 1200000 euros, es un pico, al menos para la mayoría de los ciudadanos de este país, porque me imagino que para los que manejan el dinero con tanta soltura, los 84000 euros que hubiesen supuesto tampoco son gran cosa, y en cambio eso traducido a otras causas para el bien común, como servicios, puestos de trabajo o subvenciones a municipios, supone un pellizquito importante.
Un saludo.
No es la primera vez que escribo sobre este tema, pero es que hay cosas que me sacan de quicio. ¿Qué tipo de institución es esta, que emite normas lingüísticas según le viene en gana? ¿Y que incorpora las palabras que le da la gana a su diccionario, saltándose a la torera los significados reales de las mismas? Yo no sé qué tipo de lingüistas hay ahí metidos, pero a veces parecen un poco tarugos (acepción 4).
Vamos al tema. Hay tres palabras, usadas en Aragón, que todo hijo de vecino que se precie debería conocer, dentro de las fronteras del desaparecido Reyno. Estas palabras son escoba, badil y chipiar. Las dos primeras están estrechamente relacionadas, la escoba es el cepillo que se usa para barrer, y el badil es el recogedor; en cuanto a la tercera, es un verbo que significa mojarse porque a alguien le caiga agua encima, le salpique o cualquier otro motivo.

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