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Cuando las instituciones señalan: reflexiones desde un pueblo pequeño

en Cajón desastre / por admin
15 de enero de 2026
Vista de Las Pedrosas desde el campanario

Vivir en un pueblo tiene muchas cosas buenas. Cercanía, identidad, memoria compartida. Pero también tiene una fragilidad que a veces olvidamos: cuando el clima social se tensa, todo se amplifica y cuesta mucho volver atrás.

En ese contexto, el papel de las instituciones públicas debería ser especialmente cuidadoso. No para evitar el debate —el debate es sano y necesario— sino para garantizar algo básico: neutralidad, respeto y juego limpio.

El desacuerdo es legítimo

Discrepar sobre proyectos, prioridades o decisiones forma parte de la vida democrática. En Las Pedrosas, como en cualquier otro sitio, se puede estar a favor o en contra de una actuación concreta, de una inversión o de una forma de gestionar el patrimonio común. Eso no solo es normal, es deseable, y tradicionalmente este tipo de debates se han abordado desde el respeto y el diálogo entre quienes representan al conjunto de la ciudadanía.

El problema aparece cuando se cruza una línea: cuando el desacuerdo político se transforma en señalamientos personales, cuando se mezclan datos sin contexto, o cuando se utilizan canales institucionales para lanzar mensajes con un destinatario implícito.

Cuando el mensaje importa más que la intención

Desde hace un tiempo se vienen difundiendo, desde redes sociales y desde canales oficiales, mensajes con alusiones personales, juicios morales y reproches indirectos. No es tanto una cuestión de intención —que siempre se puede discutir— como de posición.

No es lo mismo opinar desde un perfil personal que hacerlo desde una institución. Cuando habla un ayuntamiento, no habla “alguien”: habla el poder público. Y eso cambia completamente el impacto del mensaje.

Palabras como orgullo, humildad, bien común o enfrentamiento social, cuando se utilizan desde una posición institucional y con destinatarios reconocibles, dejan de ser reflexiones generales y pasan a convertirse en herramientas de presión. Aunque no se nombren personas.

El efecto silencioso

Este tipo de mensajes no solo afectan a quien los recibe directamente. Generan algo mucho más dañino en pueblos pequeños: silencio, autocensura, miedo a significarse.

Y ese clima termina afectando a todo:

  • A las asociaciones que intentan poner en marcha actividades.
  • A las personas que quieren colaborar pero prefieren no “meterse en líos”.
  • A la convivencia, que se resiente cuando se normaliza señalar en lugar de dialogar.

Asociacionismo y neutralidad

Las asociaciones culturales, vecinales o sociales no deberían ser vistas como una amenaza, ni como una extensión de ninguna sigla, ni instrumentalizadas para alimentar lecturas interesadas. Son una expresión normal de una sociedad viva.

La neutralidad institucional no consiste en no decir nada. Consiste en tratar a todas las iniciativas con el mismo respeto, en no amplificar unas mientras se ignoran otras, y en no responder desde el púlpito institucional a mensajes que, gusten más o menos, forman parte del debate social.

Una reflexión necesaria

No escribo esto para pedir privilegios, ni para reclamar aplausos. Tampoco para alimentar enfrentamientos. Lo escribo como una reflexión personal, y por eso tiene sentido que esté en este blog, porque creo que merece la pena parar un momento y preguntarnos:

  • ¿Qué tipo de pueblo queremos ser?
  • ¿Uno donde discrepar tiene consecuencias personales, donde el miedo a ser señalado acaba inhibiendo la libertad de las personas?
  • ¿O uno donde las instituciones y quienes las integran cuidan el clima común, incluso cuando no están de acuerdo?

Las palabras importan. Los canales importan. Y, sobre todo, las responsabilidades importan.

Por mi parte, seguiré defendiendo la participación, el asociacionismo y el respeto, aunque a veces resulte incómodo. Porque cuidar el bien común no es silenciar al que molesta, sino garantizar que todos podamos expresarnos sin miedo. Y, sobre todo, porque me importa mi pueblo y me importan las personas que lo viven, lo visitan y lo sienten en distintos momentos.

El regalo que no acepté

en Cajón desastre / por admin
3 de noviembre de 2025

Un maestro y su discípulo caminaban por el campo.

De repente, un campesino gritó insultos desde su casa. El discípulo, enfadado, quiso responderle, pero el maestro sonrió y siguió caminando.

—Maestro, ¿no va a decirle nada? —preguntó el joven.
—Si alguien te ofrece un regalo y no lo aceptas, ¿de quién sigue siendo el regalo? —respondió el maestro.

El discípulo entendió: lo que no aceptas, no te pertenece.

Hay cosas que se devuelven con silencio y dignidad. No por debilidad, sino por respeto a uno mismo y a quienes sólo quieren vivir tranquilos y en paz.

Que la tierra te sea leve, Antonio

en Cajón desastre / por admin
8 de mayo de 2025

Ayer nos dejaba Antonio Aurensanz, fundador de Casa Antonio, de Ontinar del Salz. Conocí a Antonio a través de otro compañero suyo del gremio, Hermógenes, aunque ya conocía de sus andanzas por otro del gremio, Herman, el holandés. Siempre lo consideré un hombre trabajador, con mucha cabeza, y con muchas ganas de pelear. La vida le castigó con la pérdida de personas queridas antes de hora.

Antonio permanece con sus conversaciones, sus recuerdos, y sus gintonics a media tarde en Espoz y Mina, con una buena tertulia, en nosotros.

Un placer haber compartido contigo interesantes momentos. Que la tierra te sea leve, amigo.

Irascible

en Cajón desastre / por admin
20 de mayo de 2024

irascible
Del lat. irascibĭlis.
1. adj. Propenso a la ira.

Desde la pandemia, el mundo está cada vez más poblado de personas irascibles. Aquellos que de alguna forma sacan lo peor de su ser, y por no poder resolver sus problemas consigo mismos, estallan en brotes de ira contra algo, o lo que es peor, contra alguien, sólo por el mero hecho de mitigar así sus carencias.

Esto lo vemos cada día en los autobuses, tranvías, en la calle, en el supermercado… No sé por qué, pero cuando se decía que la pandemia nos iba a volver mejores personas, desde luego nos equivocamos totalmente: nos ha vuelto mucho peores, sobretodo en el aspecto social.

O al menos esta es mi percepción, que no quiere decir que sea la realidad ni mucho menos, pero cada vez que sale el tema en alguna conversación parece ser que es un pensamiento que no sólo tengo yo.

Feliz semana.

Año nuevo

esta entrada tiene 0 Comentarios/ en Cajón desastre / por admin
17 de enero de 2024

Comienza el nuevo año,
y a solas por la calle Escuelas,
con el frío de la noche rasa,
imagino para este verano,
cómo estará nuestra plaza.

Por un momento imagino,
y cerrando los ojos veo,
niños, mayores y gentío,
corriendo, gritando, contentos,
en la plaza de su pueblo.

En la noche fría y rasa,
las estrellas y la luna,
desde el cielo oscuro observan,
la noche vieja pasada.

Llegará luego el calor,
y también la primavera,
y las piedras de las casas
impasibles como el tiempo
seguirán ahí calladas.

Pueblo que vives y mueres
en la noche callada y rasa
de este primero de enero,
no permitas que el silencio
sea de tu futuro mordaza.

Las piedras de la historia

esta entrada tiene 0 Comentarios/ en Cajón desastre, Las Pedrosas / por admin
12 de septiembre de 2023

A lo largo de los años el ser humano ha utilizado los materiales que tenía a mano para construir su mundo. Así, en el medio rural, en los lugares donde la abundancia de piedras era manifiesta, muchas construcciones y elementos se hacían con este material.

Esto nos lleva a las carreteras que se hicieron en las décadas de los años 20 y 30 en nuestro país. En mi pueblo, Las Pedrosas, hubo dos: la de Zuera a Murillo de Gállego (actual A-124), y la de Las Pedrosas a Piedratajada. Ambas carreteras cruzan el cauce del que conocemos como «Barranco del Pueblo», cuyo puente, en la carretera de Piedratajada, ya recibió un post (link aquí) cuando se decidió que debía sucumbir a los adelantos de la vida moderna, es decir, a las prisas.

Las piedras que flanqueaban estos puentes, eran unos bloques de considerable dimensión, que fueron derribados y destruidos casi en su totalidad, porque estorbaban. Unos pocos los pudimos salvar con el tractor pala, y el trabajo de mi padre y de mi tío abuelo, y con paciencia y esfuerzo los dejaron a buen recaudo.

Transcurrieron los años, y decidimos usarlos para poder sentarnos en la sombra de los árboles de la era. Al poco, una nueva calle se abría camino en Las Pedrosas: un camino tortuoso que llevaba al barranco, pasaba a comunicar, mediante una pasarela, los chalets de nueva construcción del otro lado del barranco con el casco urbano. Fue entonces cuando la alcaldesa al frente del ayuntamiento de Las Pedrosas nos pidió permiso para coger uno de los bloques que habíamos salvado de la destrucción, y colocarlo a mitad del recorrido de la nueva calle, para descanso de los peatones.

Piedra del puente del barranco, utilizada como banco para los peatones en Las Pedrosas
Imagen donde se ve la piedra, conservada tal y como se colocó en la calle, tras finalizar la pavimentación de la misma

La idea nos pareció fabulosa y allí fue el bloque de piedra. Durante todos estos años, aproximadamente 13, el bloque de piedra ha servido como banco, hasta fechas actuales, en las que alguien del actual ayuntamiento ha decidido que aquel bloque de piedra, de piedra del terreno, que ha visto discurrir a tantos y tantos pedrosanos por la carretera primero, y por la calle después, debía ser sustituido por un banco de madera, el cual fue colocado delante del bloque.

Piedra del puente del barranco, utilizada como banco para los peatones en Las Pedrosas, despreciada y tapada con un banco de madera, antes de intentar arrancarla
La piedra, anulada por un banco de madera

No siendo suficiente esto, ha habido ya un intento de quitar el bloque, y sólo puede quitarse de una forma: mediante su completa destrucción.

Vaya así hoy, desde aquí, mi más clara protesta para que esto no suceda, porque tenemos que salvar ese pedacito de historia, haciendo ver a quien lo desprecia, que esa piedra es un trozo vivo de Las Pedrosas.

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